Conocimiento De La Sociedad

INTRODUCCIÓN

A lo largo de nuestra historia como especie, los humanos hemos desarrollado conocimientos muy variados sobre el mundo físico y social, hemos construido categorías espaciales y temporales que facilitan la organización de la realidad, hemos desarrollado sistemas lógicos y de medición, en fin, múltiples formas de comprender, explicar y anticipar distintos fenómenos.

Ninguno de estos logros podría concebirse al margen del entorno social y cultural en el que se desenvuelve todo ser humano y la naturaleza de su conocimiento seria muy diferente fuera de ese contexto.

Solo los humanos parecen capaces no solo de aprender a conocer cómo es la realidad sino también de buscar explicaciones de los fenómenos, de reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupan en él, de pensar en mundos posibles e intentar transformar y mejorar el real.

EL CAMPO DE ESTUDIO DEL CONOCIMIENTO SOCIAL

Desde la década de 1970, diversos autores han intentado ordenar conceptualmente el ámbito del conocimiento social (Shantz, Turiel, Delval, Durkin, entre otros), identificando cuatro grandes áreas de investigación:
  1. El conocimiento psicológico o personal , cuyo objetivo de estudio es identificar el origen del conocimiento del yo y los otros.
  2. El conocimiento de las relaciones interpersonales, cuyos trabajos se han centrado fundamentalmente en dos tipos de relación en las que el niño participa desde muy pronto y cuyas características son muy diferentes: la amistad y la autoridad.
  3. Un aspecto muy ligado al anterior es la comprensión de normas y valores sociales en relación con los papeles que desempeña cada individuo en su sociedad, desde la familia, el lugar de trabajo y la actividad profesional, las posición social, etc. Los papeles o roles sociales definen qué se espera de la persona que ocupa esa posición, cuál es la conducta que debe seguir, qué normas ha de acatar.
  4. Finalmente, las investigaciones sobre el conocimiento de la sociedad constituyen un campo relativamente autónomo respecto a los anteriores. Aunque son evidentes sus relaciones con aquellos, se trata de un conocimiento que se basa menos en la experiencia directa y personal. Comprender cómo funciona la economía de mercado, la justicia o el sistema democrático requiere una compleja labor de inferencia y puesta en relación de distintos sistemas.
Esto no significa que las otras áreas del conocimiento sean simples. El conocimiento psicológico, por ejemplo, puede llegar a ser tan complejo como lo es el de la sociedad. Pero se trata de ámbitos diferentes con sus propias leyes, no asimilables unas a otras. Aun así, no debe perderse de vista que en la vida real no existen fronteras definidas entre los distintos aspectos del conocimiento social. por ejemplo, el desarrollo de la identidad personal implica adquirir un conocimiento de uno mismo y de los otros como individuos, pero también como seres sociales. El niño aprende quién es él como persona, pero también qué lugar ocupa en su sociedad, cuáles son las normas y valores deseables, en qué contextos son aceptables ciertas conductas y en cuáles no, y todo ello supone conjugar el plano del conocimiento personal con el social.

PERSPECTIVAS TEÓRICAS SOBRE LA ADQUISICIÓN DEL CONOCIMIENTO SOCIAL

Todos los científicos sociales se cuestionan por el proceso que lleva a un bebé a convertirse en un ser social. ¿mediante qué mecanismos llegamos a ser miembros activos de la sociedad?

Un antecedente sociológico

Émile Durkheim propuso ideas muy interesantes sobre esta cuestión: “Toda educación consiste en imponer al niño formas de ver, actuar y sentir alas que no habría llegado nunca espontáneamente: obligamos al pequeño a someterse a horarios, practicas de higiene, a comportarse de acuerdo con las conveniencias sociales, a trabajar, etc.”

Durkheim no es tibio criticando las ideas de la época a favor de dejar libres a los niños y no imponerles restricciones, argumentando que ninguna sociedad conocida ha practicado esto, pues “la educación tiene el objetivo de hacer al ser social”.

Según el autor, cada sociedad ha desarrollado sus propias normas de actuación, formas de pensar y de interpretar la realidad que existen antes del individuo y, por tanto, fuera de él. Estas formas de “hacer” y pensar, decía Durkheim, están organizadas como representaciones colectivas que tienen una existencia propia, independientemente de sus manifestaciones individuales, y si el individuo pretende alejarse de ellas, la sociedad ejercerá una presión sobre él, castigándolo o apartándolo del grupo. Para Durkheim, la mayoría de nuestras ideas, creencias y tendencias no viene de nosotros mismos, sino de fuera, y penetran en nosotros imponiéndose. El proceso de socialización supone que el individuo hace suyas, asume como propias tales representaciones.

Sin la presión social, es decir, sin la participación activa de la familia y otras instituciones involucradas en la transmisión de normas y valores (representaciones colectivas) y en la imposición de sanciones cuando hay transgresión, el niño no llegaría a incorporarse a la vida en sociedad.

Sergei Moscovici introdujo algunas modificaciones en las ideas de Durkheim. Moscovici comparte el supuesto de que los miembros de un mismo grupo social mantienen conocimientos, valores y practicas de relación social comunes (que Moscovici rebautiza con el nombre de representaciones sociales), es decir, formas semejantes de pensar y de entender la realidad. Estas representaciones se adquieren por distintos medios de transmisión social, pero esencialmente mediante la comunicación. Y la integración social de los individuos viene garantizada por el hecho de que todas esas representaciones están elaboradas de antemano, “circulan en el ambiente”.

Dos perspectivas sobre el desarrollo social

La perspectiva constructivista

El enfoque cognitivo-evolutivo parte del supuesto de la actividad constructiva del individuo en la elaboración de su conocimiento, sea cual fuere su naturaleza. El niño no es una esponja que absorbe información del entorno, sino que la transforma de alguna manera para poder asimilarla a sus esquemas o conocimientos previos. El niño muestra tener desde pronto un conjunto de ideas sobre aspectos del mundo social, como el dinero, el trabajo, la pobreza y las desigualdades, etc., pero estas no son una simple copia de lo que oye al adulto o en los medios de comunicación. Lejos de ello, su visión de la realidad puede no solo diferir de la de los adultos, sino además contener ingredientes propios, ideas distorsionadas del mundo social que ningún adulto mantiene y ni siquiera imagina y que, por tanto, no han podido ser transmitidas por ellos.

Hay abundantes pruebas empíricas de que los niños no se limitan a repetir información del entorno. Por un lado, es evidente que los niños de distintas familias o medios sociales no reciben la misma información ni tienen acceso al mismo tipo de experiencias. Sin embargo, cuando se comparan niños de edades próximas (o de un nivel cognitivo semejante) suele haber una llamativa coincidencia en sus ideas y sobre todo en la evolución de sus explicaciones. Por otro lado, sujetos de edades diferentes que se desarrollan en un mismo ambiente tiene concepciones diferentes de la realidad social.

La acción conjunta de dos factores, la integración social y el progreso intelectual, es lo que conduce a una reorganización de las representaciones infantiles de la realidad: el niño tenderá a descartar las que tienen menos capacidad explicativa, a evitar contradicciones (gracias al proceso de toma de conciencia de éstas) y, de este modo, se irá aproximando a las ideas de los adultos no expertos.

Así pues, las primeras explicaciones infantiles de la realidad tienen toda la apariencia de ser puramente “idiosincráticas”, pues se alejan por completo de nuestra lógica. Para detectar cambios evolutivos en las concepciones infantiles es necesario analizar cómo explica esa parcela de la realidad y cómo integra distintos elementos en su explicación.

La postura constructivista no implica minimizar el papel del entorno como fuente de experiencia social y de conocimiento. Pero el concepto de transmisión del conocimiento debe entenderse en un sentido distinto al tradicional. Es indudable que, de generación en generación, se transmiten ideas, creencias, explicaciones del mundo, pero no lo es menos que estas no se mantienen intactas. Por otro lado, las generaciones “maduras” suelen ajustar de forma mas o menos consciente qué y cómo enseñar a la generación joven. En cierto modo, podríamos decir que los propios adultos parecen actuar intuitivamente como constructvistas al adaptar los conocimientos y la forma de transmitirlos al nivel intelectual del niños.

El enfoque socio-evolutivo

Hemos visto que una de las ideas de Moscovici es que la posición que ocupa el individuo en su grupo social determina en parte sus representaciones sobre la realidad social. Distintos grupos sociales son depositarios de distintos tipos de representaciones sociales, ya que la información que circula en cada grupo no es la misma como no lo son sus creencias y prácticas sociales.

El papel de las representaciones sociales es facilitar al individuo una adecuada orientación de su conducta tanto en el mundo social como en el físico, y el que sean compartidas por los miembros de un grupo posibilita su comprensión y comunicación mutuas.

Diversos psicólogos del desarrollo se han inspirado en la teoría de Moscovici para explicar cómo adquieren los niños normas y valores sociales, así como explicaciones sobre el funcionamiento de su sociedad. Por ejemplo Emler, Ohana y Dickinson describen así su posición: “Lo que se integra en la mente del niño depende sustancialmente de la sociedad a la que pertenece y de la posición que ocupa en ella. Esto no significa que el niño no tenga un papel pasivo en la construcción del conocimiento. El niño participa activamente en comunicarse con otros en su sociedad. Mediante la comunicación e interacción con adultos y con otros niños, el niño está sujeto a (y ejerce) una influencia social para construir los conceptos compartidos por el grupo social al que pertenece.

Emler y cols añaden que esas influencias sociales afectan tanto a los contenidos del conocimiento como a su estructura y organización. Esta última afirmación es la que entra en plena contradicción con el constructivismo, pues supone que el entorno socio-cultural particular de cada individuo determinará la naturaleza de su pensamiento y conocimiento.

Hay que analizar los distintos planos que confluyen en el conocimiento social o, como señala Deval, los elementos que componen las representaciones sociales. Están, por un lado, las creencias y lo valores, y, por otro, las explicaciones. Varios estudios muestran que las normas y los valores sociales se adquieren bastante pronto y no requieren un gran esfuerzo constructivo por parte del niño, probablemente porque se trata de contenidos relativamente simplificados, que viene ya dados y que la sociedad insiste mucho en transmitir e inculcar. Ahora bien, el que el niño aprenda a comportarse de una forma determinada o que asuma desde pronto algunos de los valores de la sociedad en la que vive no implica que entienda desde el principio su significado y función, es decir, que pueda explicarse por qué son así las cosas. Las explicaciones, a diferencia de los valores, no se transmiten ni asumen directamente puesto que su elaboración requiere hacer conjeturas sobre lo que ocurre en la realidad. Se trata, por tanto, de una tarea mucho mas lenta y compleja que depende de la capacidad del individuo para reflexionar sobre el estado de las cosas, pudiendo, sólo entonces, otorgarles un sentido.
En otras palabras, parece innegable que algunos aspectos del mundo social son mas complejos cognitivamente que otros y requieren una labor de construcción que no puede ser sustituida por la transmisión social directa.

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