La Interacción Durante La Entrevista Terapéutica

Las personas definimos nuestras relaciones desde los mensajes que transmitimos (o no transmitimos). Estas propuestas son aceptadas o rechazadas por el otro, bien con mensajes o bien con su silencio.

CONTROL Y EVITACIÓN DEL CONTROL EN UNA RELACIÓN

Concepto de control en las relaciones personales: Se refiere a las continuas negociaciones, que se establecen entre 2 individuos, para determinar la clase de conductas que tendrán lugar entre ellos.

El receptor de un mensaje, tiene 3 tipos de opciones:
  1. Aceptar la propuesta de relación tal y como es presentada pro el emisor.
  2. Contradecir dicha propuesta presentando una alternativa más o menos similar.
  3. Aceptar la definición de la relación propuesta por el emisor, a través de un mensaje que indica que permite la maniobra de control, a pesar de que tiene capacidad para impedirla.
Siempre que una persona propone una definición de una relación está tratando de controlarla, y la otra parte, que puede aceptarla o rechazarla, se hace depositaria de ese control.

Es imposible que alguien conceda a otra persona toda la iniciativa en la definición de una relación, puesto que su inhibición indica que es el otro quien debe determinar la clase de conductas que regirán esa relación.

Paradoja de la relación de dos personas: Especialmente evidente en los casos en los que el desamparo es incluso más efectivo que el autoritarismo en el control de una relación. Ejemplo: "Estoy tan confuso que no puedo decidir. Dígame usted lo que debo de hacer y yo lo haré" (el paciente está ofreciendo al terapeuta el control de la relación, pero también le está indicando el tipo de conducta que debe adoptar).

Pero, existe una forma de escapar a la paradoja de la relación con otro, evitando con ello la definición de esa relación.

Consiste en definir la relación a través de un mensaje que se descalifica a sí mismo Þ Cuando un mensaje es incongruente, la definición de la relación propuesta por ese mensaje queda invalidada.

Formalmente, cualquier mensaje puede descomponerse en 4 elementos (Haley), y, mediante la descalificación de cualquiera de ellos, el emisor invalida su propia definición de la relación propuesta por ese mismo mensaje.

  1. Yo (identidad del emisor): Quien quiera lograr la descalificación de la identidad del emisor, puede lograrlo:
    • Amparado en un seudónimo.
    • Explicitando que no hable a título personal.
    • Indicando que tan sólo es un mensajero.
    • Afirmando que su mensaje es emitido bajo el influjo de una fuerza incontrolable.
  2. Digo algo (contenido del mensaje): Su descalificación puede lograrse:
    • A través de indicios de amnesia (No me acuerdo…).
    • Afirmando que el mensaje ha sido mal interpretado.
    • Emitiendo acto seguido un mensaje que contradiga el primero.
    • Afirmando que es una broma.
    • Transmitiendo la información en un idioma que el receptor no comprende.
  3. A usted (identidad del receptor):
    • El emisor puede negar que u mensaje está dirigido a su interlocutor, haciendo que habla para sí mismo en un aparte.
    • Dirigiéndose al otro en función de su status o poder de representación (no como persona).
    • Afirmando que su interlocutor tiene una identidad distinta a la que manifiesta.
  4. En ésta situación (situación espacio-temporal):
    • Especificar el contexto como no actual (Tú antes me caías mal y puede que en adelante me caigas mal).
En resumen: La incongruencia de los mensajes que se descalifican a sí mismos, puede tener lugar:
  • En el nivel digital.
  • Mediante dos enunciados consecutivos.
  • Mediante la dislocación de los planos digital y analógico de la comunicación.
INTERACCIÓN Y PERCEPCIÓN INTERPERSONAL

Cuando 2 personas entran en relación, es imposible que no propongan un tipo de interacción, pues, aunque sus mensajes resultaran incongruentes, quien descalifica un mensaje está definiendo su relación con el otro, como una relación que se niega a definir o a permitir que el otro defina.

Es el caso de los esquizofrénicos (evitación sistemática del control y del control del control).

El factor que más influye en el tipo de relación que uno propone a otro es la PERCEPCIÓN INTERPERSONAL: Forma en que las personas reaccionan y responden a los otros en pensamiento, el sentimiento y la acción (Cook).

La percepción interpersonal se cimenta en los juicios u opiniones, relativos a los demás, que implícita o explícitamente, inciden en la evaluación de los otros.

Como proceso, se organiza a través de la integración de diversos criterios, de los que los más relevantes en el contexto terapéutico son:
  1. La autoimagen del terapeuta.
  2. Las expectativas de ambos.
  3. Los valores de ambos.
Estos 3 elementos en el terapeuta, son el punto de origen del estilo interactivo que pondrá en juego el terapeuta como profesional de la psicoterapia.

AUTOIMAGEN:

Los sentimientos, ideas y expectativas que uno tiene de sí mismo, influyen en la manera de comportarse (profecía autocumplida).

Los aspectos de la conducta del terapeuta que influyen más directamente en la entrevista, abarcan 3 áreas:
  1. Competencia: La actitud del terapeuta hacia su competencia es perjudicial para su trabajo, si cursa con sentimientos de inadecuación, miedo al éxito o al fracaso.
  2. Poder: Su actitud respecto al poder se determinante cuando el terapeuta tiene conflictos relacionados con la impotencia, el control, la pasividad, la dependencia o la contradependencia.
  3. Intimidad: Interfiere cuando la aceptación o el rechazo resultan extraordinariamente penosos.
EXPECTATIVAS:

Lo que alguien espera de una relación determinada, y la actitud que desarrolla hacia esa relación, está íntimamente ligado a lo que cada miembro de esa relación espera del otro, durante los primeros momentos de su encuentro.

Conviene que el terapeuta identifique, cuanto antes, cuáles son las expectativas del paciente hacia la entrevista (dependen de su grupo social de referencia), porque la congruencia o incongruencia de esas expectativas con las suyas propias influye directamente sobre el pronóstico.

La falta de congruencia entre ambos, aumenta la tensión de la entrevista.

Pope: Los pacientes que abandonan el tratamiento antes del final, suelen esperar del terapeuta consejos concretos para abordar sus dificultades, así como medicación para su sintomatología.

Este tipo de pacientes adoptan una actitud pasiva.

La congruencia entre ambos hace que el paciente conciba la entrevista como una oportunidad para hablar abiertamente de sí mismo y de sus dificultades.

Estos pacientes aceptan una parte de la responsabilidad en el éxito del tratamiento.

Para mitigar las posibles incongruencias, el terapeuta debe sondear, de qué forma y a través de qué referencias ha llegado el paciente a su consulta (las referencias previas al encuentro terapéutico juegan siempre un papel favorable o desfavorable).

A partir de la información que obtenga, el entrevistador evaluará hasta qué punto coinciden las expectativas del paciente con su propia forma de entender la psicoterapia, y, en caso de desacuerdo, realizará las intervenciones oportunas.

En general, el mayor grado de desacuerdo en las expectativas, se produce cuando el paciente pertenece a la clase social trabajadora, y, la mayor congruencia, con clientes de la clase media (misma clase social que su entrevistador).

Goldstein, demostró que los terapeutas sienten una marcada predilección por pacientes jóvenes, atractivos, que se expresan verbalmente con facilidad y que tienen éxito.

Pero, el pronóstico de un paciente, no sólo depende de sus expectativas, sino que también depende de las expectativas del terapeuta en relación con el éxito del tratamiento.

Un pronóstico favorable influye sobre el éxito del tratamiento y sobre el incremento de la productividad verbal del paciente, sentimientos positivos del terapeuta hacia su cliente y tendencia a rebajar el grado de perturbación de éste.

Los estereotipos son juicios sobre la clase de persona que es y el tipo de conducta que caracterizará a un individuo, en una situación dada (Cook).

Se elaboran en base a la edad, la ocupación, el sexo o la apariencia del individuo.

Son muy peligrosos en un terapeuta, pues se desencadenan a partir de las primeras impresiones.

La influencia perturbadora de los estereotipos sobre la entrevista terapéutica, no implica que ciertas primeras impresiones no sean adecuadas, aunque con frecuencia son erróneas (Sullivan).

El mejor antídoto contra la influencia de los estereotipos es la experiencia profesional.

El entrevistador con escasa experiencia profesional, debe tener en cuenta que, cuando sus expectativas se inclinan hacia una ocultación de datos relevantes por parte del paciente, dicha ocultación tiende a producirse con más frecuencia que si sus expectativas son neutras o con un alto nivel de autorevelación.

Bradburn y Sudman: Las expectativas del entrevistador respecto a una baja tasa de conductas reportadas, afectaron moderadamente a las respuestas en casi todos los temas tratados (profecía autocumplida).

Los estereotipos y las expectativas en general, pueden ser fácilmente manipulados.

Este hecho se demuestra en 2 clases de experimentos:
  1. Se pedía a 2 grupos de sujetos que dieran su opinión sobre una persona ficticia o real. A un grupo se les presentó una lista de adjetivos entre los que se encontraba "cálido", mientras que la lista del otro grupo contenía "frío": Los resultados fueron significativamente distintos, tanto si el personaje era real como ficticio.
  2. Evaluación, por parte de profesionales de la psicoterapia, del grado de perturbación mental de un individuo que protagonizaba una entrevista, en vídeo o cinta: Cuando el individuo fue presentado como alguien que buscaba trabajo, se le percibió significativamente más sano e integrado, que cuando se le presentaba como enfermo mental.
En resumen: El entrevistador debe desarrollar al máximo su capacidad para identificar si sus expectativas son congruentes con las del paciente. En caso negativo, debe aprender a mitigare su influencia sobre la entrevista o el tratamiento, de 2 maneras:
  1. Dando al paciente la información necesaria para que su colaboración activa se incremente.
  2. Adoptando una actitud crítica ante sus propias impresiones y juicios sobre el cliente y su pronóstico.
VALORES:

La congruencia de las expectativas del terapeuta y del paciente se desarrolla en función de los valores asumidos por cada uno de ellos.

A través de los valores se establece una vinculación entre la clase social y el pronóstico de la psicoterapia.

El sistema de valores de un individuo se desarrolla con el proceso de socialización, durante su infancia y su adolescencia (están fuertemente circunscritos dentro de cada clase social):

Cuando una entrevista terapéutica es dirigida por un profesional que pertenece a la clase media, si el paciente procede de la clase trabajadora, es probable que se presenten dificultades, debido al choque entre dos sistemas de valores.

Los valores con que se desarrolla una entrevista terapéutica son los de la clase media. Cuando el cliente pertenece a la clase trabajadora, se siente incomprendido y presionado, lo que potencia la interrupción prematura del tratamiento, el fracaso y el desentendimiento, durante la entrevista.

El conocimiento de la clase social del cliente constituye una información muy importante, pues, puede evitar que el terapeuta confunda la enfermedad mental con la asunción de unos valores distintos de los suyos, y la salud, con la adecuación a su personal sistema de referencia.

Una de las consecuencias del contraste de valores entre la clase media y la clase trabajadora, es que el terapeuta considere (erróneamente) la menor comunicación verbal de su cliente, como un indicio de resistencia y como un factor de deterioro de la interacción terapéutica.

Los trabajos sociolingüísticos de Bernstein han demostrado que, entre la clase media y la clase trabajadora, existen en el manejo de la comunicación, diferencias específicas:
  • El lenguaje de la clase media y alta es un código ampliado: permite expresar los matices de las experiencias internas, los sentimientos y las particularidades del pensamiento introspectivo, y la comunicación de mensajes altamente idiosincráticos.
  • El lenguaje de la clase trabajadora se expresa en un código restringido: carece de finas discriminaciones del significado, enfatiza los referentes externos, y es altamente dependiente del contexto físico en que tiene lugar la comunicación.
El código ampliado es más adecuado para la comunicación de contenidos autoreferidos, pero, pese a éstas diferencias, el terapeuta tiene a su alcance MEDIOS para evitar el colapso durante una entrevista con un cliente humilde:

El más efectivo: La modificación del contenido de la comunicación del entrevistador, para facilitar la interacción y reducir la distancia social.

Medios específicos según Pope:
  1. Empleo temprano del encuadre de la entrevista: El entrevistador deberá insistir en la influencia facilitadora de la comunicación, hasta que el paciente adopte una actitud colaborativa.
  2. El entrevistador deberá estar sensibilizado con el lenguaje y el estilo más apropiado para relacionarse con clientes de clase trabajadora (mayor flexibilidad del código ampliado del terapeuta); Pero, deberá abstenerse de simular o imitar un pseudocódigo restringido.
  3. El entrevistador deberá mitigar los aspectos más ambiguos de la entrevista, hablando directamente, de forma específica, concreta y activa, es decir, elaborando sus intervenciones de acuerdo con los atributos del código restringido, y favoreciendo el libre movimiento físico durante la comunicación.
Otra técnica: Promocionar la comprensión y adaptación del entrevistado, mediante el desarrollo de preentrevistas o encuentros previos a la entrevista o el tratamiento propiamente dichos.

Las preentrevistas actúan de manera similar a un largo periodo de instrucciones, ya que permiten al paciente entrenarse.

Se ha comprobado que el empleo de ésta técnica:
  • Reducen la tensión de la interacción.
  • Eleva la regularidad de la asistencia durante el tratamiento.
  • Facilita la colaboración durante los ejercicios de modificación de la conducta.
  • Agiliza las relaciones paciente/terapeuta.
  • Aumenta el grado de mejoría experimentada al terminar el tratamiento.
Existen otras ocasiones en las que no es posible reducir la distancia social entre los interlocutores (sus microculturas son de origen muy distinto). En éstos casos, suele tener éxito el tratamiento realizado por paraprofesionales especializados en tareas muy concretas, y cuyo patrón de socialización, es similar al del paciente.

INFLUENCIA DEL SEXO Y LA RAZA EN LA PERCEPCIÓN INTERPERSONAL

Influencia del sexo: Las investigaciones se han centrado en la comparación de entrevistas cuyos protagonistas coinciden o difieren en sexo.
  • Las mujeres, cuando son entrevistadas pro un hombre cálido, hablan menos que cuando lo son por un hombre frío (perciben la calidez del entrevistador varón como un indicio de seducción, lo que produce un efecto inhibidor sobre su conducta).
Pero, en términos generales, la mujer entrevistada habla más acerca de sí misma que el hombre.

  • Las mujeres no se sienten cómodas cuando el entrevistador no está frente a ellas. Este efecto es más pronunciado cuando el comunicante es una mujer. Esto es debido a que las mujeres valoran más el feedback visual, con independencia del sexo del interlocutor. Este criterio parece descansar sobre su mayor necesidad de afecto y aprobación respecto de los hombres.
  • Las mujeres son más sensibles a la comunicación no verbal: prestan más atención que los hombres a la expresión facial de las emociones, a los registros del tono de voz y a los movimientos del cuerpo.
  • La distancia interpersonal en la que las mujeres se sientes cómodas es más corta que la introducida por los hombres, tanto si su interlocutor es de su mismo sexo o del sexo contrario.
En resumen: El entrevistador debe estar sensibilizado ante los posibles efectos distorsionantes de la variables sexo sobre el desarrollo de la entrevista.

Influencia de la raza: Numerosos estudios han puesto de manifiesto las diferencias interaciales en los patrones interactivos y en el estilo comunicativo predominante.
  • El entrevistador que conversa con un cliente de distinta raza deberá estar especialmente atento a las actitudes, prejuicios y estereotipos contaminantes de la percepción de su interlocutor como individuo aislado.
Sobre todo deberá evitar reproducir en la entrevista, a nivel individual, el tipo de relación característica entre las etnias a las que pertenecen él y su cliente (si el cliente es negro, el entrevistador deberá evitar toda conducta suya que tienda a definir al relación entre ambos como paternalista o de dominancia/sumisión).

ESTILO DE LA INTERACCIÓN TERAPÉUTICA

Una interacción diádica puede ser estudiada, agrupando sus atributos en dos dimensiones:
  1. Eje afectivo: Abarca la calidez, la empatía y la autenticidad.
  2. Eje jerárquico: Status, competencia profesional, control, dominio y poder.
La relación que se establece entre éstas variables determina la profundidad que alcanza la interacción y el grado de reciprocidad y compatibilidad que vincula a los participantes.

DIMENSIÓN AFECTIVA DE LA INTERACCIÓN TERAPÉUTICA

Los atributos que configuran la dimensión afectiva se consideran las pautas del estilo interactivo de un entrevistador, que contribuyen más directamente al éxito del tratamiento (influencia de Rogers).

Calidez o aceptación incondicional

La mayoría de los profesionales de la psicoterapia identifican la calidez interactiva con la aceptación incondicional del paciente, y la consiguiente actitud de permisividad hacia él.

Aceptación incondicional: Constancia de los sentimientos del entrevistador hacia su cliente, con independencia de las actitudes, sentimientos o acciones concretas, que el cliente pueda manifestar.

Cormier y Cormier: La aceptación incondicional se manifiesta en cierta clase de sentimientos e ideas que el terapeuta experimenta hacia su cliente ("Me siento bien cuando estoy con ésta persona". "Esta persona me gusta").

Esto no implica que el terapeuta deba sentir siempre afectos positivos por sus clientes. Pueden presentarse situaciones que el entrevistador no desea, si que por ello cambie su consideración del cliente como persona.

Es importante, para el terapeuta, la toma de conciencia y la pronta identificación de la clase de sentimientos que despierta en él su interlocutor, pues, con frecuencia, los sentimientos negativos hacia un cliente pueden bloquear o viciar la interacción, por lo que el terapeuta deberá abordarlos directamente con su cliente o en una supervisión, y, si no llegaran a desaparecer, deberá renunciar a continuar el caso.

La aceptación incondicional y la actitud de permisividad del terapeuta, se manifiestan a través de la evitación de juicios de valor relativos al contenido de la comunicación del cliente, a través de la escucha atenta y de un trato personalizado.

Pero, sobre todo, la calidez de la interacción se manifiesta en la calidez de la comunicación: tono de voz, postura, distancia interpersonal o emisión de refuerzos verbales del tipo "Me agradó conversar con usted".

Ciertos profesionales piensan que la calidez tiene que ser espontánea para ser efectiva (la calidez aprendida sería una impostura que no podría llegar a confundir la intuición del paciente). Sin embargo, la calidez puede ser considerada como una habilidad social, que los entrevistadores deben aprender a desarrollar, sin que presuponga ningún fingimiento.

La razón de la conveniencia de éste tipo de entrenamiento se justifica por los beneficios que un estilo cálido de interacción aporta:
  • Reducción de la ansiedad y la tensión del entrevistado (medida a través de la respuesta psicogalvánica y los errores de pronunciación).
  • Aumentos de la productividad verbal.
  • Incremento generalizado del grado de mejoría alcanzado.
Empatía

Cormier y Cormier: Capacidad de comprender a las personas desde su marco de referencia. Capacidad de un individuo para identificarse con otro.

Algunos han destacado la base cognitiva de ésta habilidad, pero, la clase particular de comprensión que conlleva la empatía, compromete a aspectos perceptuales, valorativos y emocionales: Se manifiesta igual en la forma de escuchar, sentir, percibir o responder al cliente.

Resulta difícil hablar de empatía en términos operativos.

Carkahuff y Pierce han construido el Inventario de Discriminación de la Empatía: Distingue 5 niveles o grados de comunicación empática.
  1. Nivel 1: Consiste en una pregunta, un comentario tranquilizador, una negación o una advertencia.
  2. Nivel 2: Las intervenciones en éste nivel recogen sólo el contenido o la parte cognitiva del mensaje del cliente. Los sentimientos se ignoran (paráfrasis).
  3. Nivel 3: Consiste en elaborar un reflejo de los sentimientos y de la situación, a partir del contenido del mensaje del cliente. Muestra la comprensión del tema que tiene el terapeuta, pero implica una intervención no directiva ("Estás desanimado porque no encuentras trabajo").
  4. Nivel 4: No sólo se reflejan los sentimientos del cliente sino también los déficits que implican. Este nivel manifiesta comprensión, pero es parcialmente directivo ("Te sientes desanimado porque no consigues acercarte a tu padre. Te gustaría que él diera el primer paso").
  5. Nivel 5: Se añade un paso conductual que se propone al paciente para superar su déficit y acercarse a la meta propuesta. Es un nivel claramente directivo. ("Te sientes desanimado…. Te gustaría que el…, pero puedes hacerlo tú si comienzas por expresarle tus sentimientos").
Consideran que, en la situación terapéutica, el grado de empatía no debe ser inferior a 3. Proponen los niveles 4 y 5 como los más adecuados para las verbalizaciones del entrevistador.

Las manifestaciones del terapeuta mantienen su empatía fundamentalmente a través de un estilo comunicativo e interactivo flexibles, activos y expresivos.

Pope: Los pacientes identifican la empatía del terapeuta con un alto nivel de productividad y expresividad verbal. También se asocia a su capacidad para atender y permanecer concentrado ante los mensajes del paciente.

La ausencia con el silencio, los tiempos de reacción lentos y las interrupciones innecesarias del discurso.

Los clientes sólo consideran que el terapeuta escucha de manera empática si reciben indicios del tipo mm-hmm, intervenciones no directivas como paráfrasis, clarificaciones o resúmenes (la atención empática debe ser expresada a través de la comunicación, pues de lo contrario, el paciente tiende a considerar que no se le comprende).

Puesto que la atención constituye una clase de refuerzo, el entrevistador deberá entrenarse en ésta habilidad, sin caer en la tentación de utilizar los indicios no verbales propios de la atención empática, como una pantalla encubridora de su aburrimiento.

Los beneficios de la conducta empática del terapeuta:
  1. Incremento de la productividad verbal del paciente.
  2. Descenso de las latencias previas a sus respuestas.
Ambos están directamente vinculados al éxito del tratamiento.

Autenticidad

Consiste en ser él mismo durante la entrevista. Comportarse de forma espontánea, no defensiva y abierta, sin necesidad de ser insincero o de representar un papel. Pero, sobre todo, obliga al entrevistador a ser congruente (que sus palabras y conductas no verbales coincidan con sus sentimientos).

El grado de autenticidad necesario durante una entrevista terapéutica, está constreñido por las restricciones propias de la situación: el entrevistador que no representa ningún papel, es consciente de sus sentimientos hacia el paciente y además, los expresa adecuadamente a través de los registros verbales y no verbales de la comunicación.

Rogers: Ser genuino no significa verbalizar todo lo que se piensa o se siente en relación con el paciente, sino poseer la capacidad de expresar los sentimientos negativos hacia él, siempre que no amenacen con interrumpir la comunicación empática o la aceptación incondicional.

La técnica de intervención verbal denomina inmediatez es una de las más adecuadas para comunicar autenticidad.

Pope vincula la autenticidad del terapeuta con:
  • Flexibilización de la comunicación del paciente.
  • Incremento de su mejoría psicológica.
  • Aumento de la autorevelación del paciente.
  • Profundidad de su autoexploración.
En resumen: La calidez, la empatía y la autenticidad del terapeuta, cuando concurren conjuntamente y de manera prolongada, durante una serie de entrevistas, contribuyen a la mejoría del paciente, gracias a la reducción de su ansiedad.

PROFUNDIDAD DE LA INTERACCIÓN TERAPÉUTICA

TRADICIONALMENTE, la profundidad de una relación terapéutica, ha estado ligada a las nociones de rapport, transferencia y contratransferencia.

RAPPORT:
Proceso de integración de una relación que se establece entre 2 personas, durante los primeros momentos de su encuentro.

La instalación y mantenimiento de un rapport positivo tiene una influencia capital en la entrevista terapéutica.

Para facilitar el establecimiento del rapport, cada entrevistador debe desarrollar sus estrategias particulares.

TRANSFERENCIA:
Freud: Reactualización focalizada de un conflicto psíquico infantil que, por estar reprimido, escapa a la verbalización y, por tanto, a la conciencia del paciente.

Actualmente, Roji: Establecimiento de una relación en base a algunas actitudes interpersonales, adquiridas por el paciente en una época muy temprana de su vida.

Una relación transferencia no debe entenderse como una repetición de experiencias previas. Sino como el establecimiento de un vínculo anteriormente existente en el repertorio del paciente: Este percibe a su interlocutor (terapeuta) como si se tratara de alguna de las personas más significativas de su infancia.

Es un tipo particular de distorsión introducida por el paciente en la relación terapéutica.

CONTRATRANSFERENCIA:
Freud: Conjunto de efectos que las necesidades y conflictos de un terapeuta tienen sobre su capacidad para atender y comprender al paciente y para emplear las técnicas de intervención de manera adecuada.

Es una distorsión introducida por el terapeuta.

Actualmente: Dificultades del entrevistador para abordar con efectividad aquellas conductas y mensajes del cliente que activan sus propios conflictos.

Bandura: Los terapeutas especialmente ansiosos respecto a la hostilidad interpersonal, suelen tener dificultades para enfrentarse a la hostilidad manifestada por sus clientes.

Pope:
  • Un entrevistador distorsiona el recuerdo de los mensajes del paciente que inciden en sus propios conflictos (no los tiene en cuenta).
  • El terapeuta tiende a responder tiende a responder de forma reorientada o defensiva, ante las comunicaciones del paciente que inciden en sus problemas personales.
ACTUALMENTE: Se han desarrollado investigaciones basadas en el grado de reciprocidad y complementariedad que alcanza la relación paciente/terapeuta, y en la influencia de las características personales del terapeuta, especialmente de su estilo perceptual.

La relación terapéutica también puede ser entendida como un tipo de interacción en la que los participantes interactúan de manera recíproca.

Pope: El curso de una relación terapéutica depende de la clase de correlación que se establece entre las actitudes de los interlocutores (retroalimentación).

La RECIPROCIDAD constituye una de las claves de toda interacción terapéutica que avanza progresivamente hacia la cooperación, ya que su presencia es vivida como una confirmación y su ausencia como un indicio de rechazo.

La reciprocidad tiene 2 vertientes:
  1. La complementariedad: Facilita el manejo de la ansiedad generada por la entrevista, sobre todo en la dimensión jerárquica (ajuste de los roles: paciente sumiso con terapeuta dominante, o a la inversa).
  2. La simetría: Similaridad de rasgos o actitudes respecto al eje afectivo de la relación (Cuando un interlocutor se muestra cálido, el otro tiende a comportarse igual).
En resumen: El grado de profundidad que llega a alcanzar una relación terapéutica depende de 2 factores básicos:
  1. Grado en que los interlocutores se complementan respecto a los atributos del eje jerárquico de la interacción.
  2. Grado en que ambos participantes experimentan y comunican un mismo atributo del eje afectivo.
Investigación del grado de reciprocidad entre paciente y terapeuta en función del tipo de problema del paciente y de las CARACTERÍSITCAS PERSONALES DEL TERAPEUTA:
  • Los terapeutas del tipo A son más eficaces en la psicoterapia de los pacientes psicóticos.
  • Los entrevistadores del grupo B son más eficaces en el tratamiento de los neuróticos.
Los terapeutas del grupo A y B se diferencian fundamentalmente en su estilo perceptual y en su conducta interactiva:

ESTILO PERCEPTUAL:
  • Grupo A: Poco disciplinado, escasamente sujeto al control direccional de los objetivos trazados, más vulnerables ante los inputs aleatorios cuando el ambiente cambia, y, con frecuencia, actúan en función de presentimientos e intuiciones.
  • Grupo B: Actividad cognitiva más ligada a la realidad externa y a las estrategias de tipo lógico durante la resolución de problemas.
CONDUCTA INTERACTIVA:

Grupo A: Relación más activa y estructurante que B. Se aproximan más a sus pacientes. Emplean mas tiempo en sus intervenciones verbales, manifestando una mayor aceptación y empatía, y tendiendo a permanecer cálidos ante las respuestas de evitación del paciente.

Se complementa con la tendencia pasiva, la confusión y la desorganización d e los paciente psicóticos.

Grupo B: Sus pautas comportamentales se adecuan mejor a las necesidades de los paciente neuróticos, quienes poseen mayor nivel de organización y motivación.

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