Patología infecciosa

Introducción

Se trata de infecciones muy relacionadas con el daño cerebral. Se pueden distinguir afectaciones focales o difusas, es decir, que afecten a más procesos o funciones. Existen diferentes tipos de infección, en función de si son de carácter vírico o no vírico.

Infecciones no víricas

Entre ellas se hallan:
  • Meningitis bacteriana aguda (leptomeningitis): suele estar producida por la difusión en la circulación sanguínea de un agente infeccioso procedente de otro foco infeccioso localizado en algún lugar del organismo: infección nasofaríngea, otitis, neumonía, etc. Se caracteriza por la inflamación de las meninges piamadre y aracnoides. Se trata de una inflamación grave y necesita de tratamiento rápido a base de antiinflamatorios y otros medicamentos generales. Al producirse una inflamación o edema, puede aumentarse la PIC, lo cual provoca la aparición del cuadro confusional o desorientación. Además, existen otros problemas asociados. Por ejemplo, si es una inflamación puntual, se puede comprimir una zona del córtex lo que puede derivar en una necrosis focal. También se puede comprimir una arteria y producir un infarto isquémico por oclusión, con la sintomatología propia de cada zona. Sin embargo, también podría ocurrir que el líquido cefaloraquídeo que fluye entre ambas meninges no pueda pasar, se obstaculice y provoque una hidrocefalia. Asimismo, debe tenerse en cuenta que el líquido cefaloraquídeo al pasar por las zonas afectadas puede infectarse y provocar una afectación más general: córtex, ventrículos, médula. No se debe confundir con la meningitis vírica, provocada por un virus específico, que es de carácter más lento y que se caracteriza por tener más posibilidades de tratamiento por lo que no es tan grave.
  • Abscesos cerebrales: existen cuatro causas que pueden provocar abscesos:
    • Extensión directa desde un foco contiguo, como una infección sinusal o del oído medio. Por ejemplo, al infectarse el oído, se afectan sobretodo los lóbulos temporal y frontal.
    • Asociación a una cardiopatía congestiva con derivación derecha-izquierda o arterio-venosa pulmonar.
    • Diseminación patógena desde puntos distales de infección.
    • Introducción directa de bacterias tras lesiones craneales penetrantes.
En función de donde se encuentre, se verán mermadas o destruidas las funciones afectadas. Además, la zona de alrededor de un absceso cerebral también acaba provocando edema, por lo que hace que se aumente la PIC provocando cuadros confusionales.
Pueden producirse uno o varios abscesos en el tejido cerebral. Cuando con el tratamiento farmacológico no se produce una recesión, se sigue con el tratamiento quirúrgico, practicando aspiraciones. El problema de la intervención es que se aspiren zonas sanas debido a la poca diferenciación entre el tejido afectado y el sano.
  • Neurosífilis o neurolues: deriva de la sífilis, ya sea por infección sexual o por herencia. La padecen aproximadamente el 20% de los pacientes con infección sifilítica primaria. Dependiendo del momento en que se manifieste desde la infección, se producen varias afectaciones:
    • Pocas semanas: meningitis sifilítica
    • De 2 a 20 años: sífilis meningovascular, que afecta a las meninges con accidentes vasculares cerebrales.
    • De 12 a 15 años: parálisis general progresiva, que es un tipo de demencia. Tiene especial predominancia por afectar a los lóbulos frontales. En el 60% de los casos, cursa con demencia. Provoca además alteraciones de la personalidad y se manifiestan delirios de grandeza en algunos casos. Es común el habla farfullante y la aparición de temblores. Las alteraciones degenerativas y escleróticas provocan un engrosamiento de la duramadre, hematoma subdural crónico, atrofia de las células corticales y proliferación de astrocitos
    • De 10 a 20 años: tabes dorsal, que es una afectación de la médula espinal y de los nervios ópticos.
  • Toxoplasmosis: si se ingieren tejidos animales con quistes o a partir del contacto con las defecaciones de los animales infectados, se puede infectar a fetos: suele ocurrir que la madre que está en contacto con gatos que han comido este tipo de tejidos se infecte pero no lo manifieste; quién si lo manifiesta y padece es el feto. Otra población de riesgo importante son los que padecen VIH. La enfermedad se manifiesta por la aparición de quistes a nivel cortical y subcortical.
Infecciones víricas
  • Encefalitis herpética o por virus de herpes simple (tipo I): es la infección vírica más grave a nivel del encéfalo. Es muy común y puede afectar a cualquier edad y sexo. Tampoco tiene ningún tipo de predominio estacional. Es importante tratarla rápido ya que, aproximadamente, el 70% de los casos muere y el resto sufre una afectación bastante grave y amnesia fuerte. Al parecer, existe una diseminación hacia los lóbulos temporales a través del tracto olfatorio o del nervio trigémino. Afecta casi siempre a los lóbulos temporales internos (basal y medial) y al lóbulo frontal (orbital). Aparecen necrosis hemorrágicas en el cerebro.
  • Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob: es una infección muy poco frecuente y es la versión humana de la enfermedad de las vacas locas. Se trata de una infección priónica, es decir, no a partir de virus sino de proteínas, aunque todavía no se conoce con exactitud sus mecanismos de desarrollo. La mortalidad se sitúa al cabo de un año de la infección, con predominancia en el afectación cortical cerebral y cerebelar. Cursa con ataxia cerebelosa y una demencia de muy rápida evolución por infección cortical cerebral.
  • Síndrome de la Inmuno Deficiencia Adquirida o SIDA: el primer caso se detectó en 1981. Está causado por la infección del retrovirus VIH, del que existen diferentes tipos. El más conocido de todos es el VIH-I y actúa en de formas diversas:
    • Infección directa sobre los linfocitos, inhibiendo su capacidad inmunológica. Así, la persona está indefensa ante cualquier bacteria.
    • Infección directa sobre el SNC y el SNP. Existen diferentes hipótesis y no se sabe con seguridad si afecta a las neuronas, los astrocitos, la microglía, etc.
    • Infecciones oportunistas: los oportunistas aprovechan la condición del sistema inmunológico para infectar. Ejemplos frecuentes son la toxoplasmosis y la encefalitis herpética. Con estas infecciones aparecen neoplasmas, linfomas, etc. que acaban afectando el tálamo, el cuerpo calloso y los ganglios linfáticos.
En el SIDA existe una fase asintomática de 10 años aproximadamente. Luego aparecen otras fases, que son la aguda, la crónica y la final. Cuando la persona está en la fase asintomática se considera que es seropositiva pero que aún no ha desarrollado la enfermedad. Cuando empieza a desarrollarse, se considera que la persona tiene SIDA.
A nivel psicológico, aparecen unos determinados déficits asociados como son las alteraciones en la atención, la memoria, el enlentecimiento procesual y la pérdida de funciones frontales. El neuropsicólogo evalúa si la persona puede mantener su trabajo, si puede conducir, etc.; sin embargo, no todos los seropositivos muestran estas alteraciones o síntomas.
El denominado complejo-SIDA es la complicación más frecuente de la infección del VIH-I que afecta en alguna forma a todos los pacientes afectados de SIDA en algún momento del curso evolutivo, aunque en general aparece en el estadio final de la enfermedad. Comporta cambios conductuales, motores y cognitivos:
  • Cambios motores: aparecen temblores, mioclonías (pequeñas contracciones muscula-res), etc.
  • Cambios conductuales: la persona se puede mostrar totalmente apática, parecido a la pseudodepresión, o bien aparece totalmente agitada, como la pseudopsicopatía.
  • Cambios cognitivos: aparecen problemas de concentración, de memoria, de velocidad, de lectura y de orientación espacial y temporal. Normalmente, la persona está orientada y es consciente de lo que le ocurre.
Se considera que si este complejo-SIDA aparece en los primeros estadios como única sintomatología el desarrollo de la enfermedad es mucho más grave. Se postula que se debe tratar de una variante del retrovirus (tipos II y III), que tiene predominio subcortical.
En cuanto a la neuroimagen, el dato más frecuente en TC es la atrofia cortical difusa y la dilatación ventricular. También se pueden encontrar cambios en la substancia blanca, en los ganglios basales y en el tálamo de forma parcheada o difusa en imágenes de RM potenciadas en T2.

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