Malfé. Fantasía e Historia

Freud, entre los factores que determinan el curso de una historia, ubica una secuencia de transformaciones de la “estructura” (así, “estructura libidinosa”, denomina Freud a la “ficción, ilusión” o fantasía, fundamental para la constitución de colectividades cohesivas) constituida por los enlaces fantasmáticos recíprocos. Dicha secuencia obedece a rigurosa lógica interna.

Sin duda, el salto desde las historias a la Historia (ese al que se atrevieron Vico o Freud) es riesgoso y el psicológico clínico suele creer que es posible evitarlo, considerando erróneamente que una estructuración fantasmática puede ser entendida a través de la reconstrucción de los singular de una historia individual, sin atender al contexto cultural colectivo ni a la historia de este.

La secuencia esperable que psicólogos o psicoanalistas empezamos a discernir así en procesos históricos colectivos tiene como eje la serie de transformaciones de fantasía que Freud denomino, en psicología de las masa, “estructura libidinosa”, “ficción (o ilusión)” de la que depende la existencia misma de la colectividad en el plano psicosocial profundo. La convergencia libidinosa en una persona caracteriza a dicha “estructura”. Podemos concebirla, ya instaurada, como el primer momento de una serie de transformaciones, que es lo mismo que decir “serie histórica”. Sin embargo, debe considerarse, idealmente al menos, un momento anterior, equiparable al cero en la serie de los numero. Antes de producirse la conversión a la unidad colectiva, prevalece un estado al que le cuadra el nombre de “a-valoración”: los efectos de lo que Freud denomina “narcisismo de las pequeñas diferencias” no están contrarrestados todavía por la (nueva) plasmación ideal unificadora.

Instaurada la “estructura libidinosa”, puede allí comenzar un proceso histórico colectivo. Su primer movimiento va en el sentido de producir el equivalente del “parricidio originario”. La ambivalencia generada por el monopolio de la capacidad de representar valor libidinal determina el empuje de la historia grupal (o colectiva en general) hacia ese primer desenlace, que debe ser llamado, por antonomasia, “trágico”. Si es brusco, surge el pánico y la disolución del grupo (vuelta a a-versión). Si, en cambio, durante un periodo mas o menos largo de sub-versión, se fueron abonando sentimientos de solidaridad entre los subyugados, podrá instituirse acaso la “alianza fraterna”.

La posibilidad del retorno a la situación a-versiva inicial esta siempre latente, ya sea como resultado de un desmenuzamiento por la multiplicación de controversias o antagonismos que separen a cuantos adversarios puedan allí constituirse, ya por brusco colapso generador de pánico.

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