La Conducta Agresiva Y La Conducta Prosocial

Agresión y agresividad

La agresión es una conducta que tiene consecuencias dañinas. Pero es un concepto relativo: si la comete una autoridad aprobada, el perjuicio que ella causa es minimizado, endentiéndose que lo hizo en cumplimiento de su deber. Pero si la comete un particular por su propia cuenta, sin duda se juzgará que se está actuando violentamente.
Existen dos tipos de agresión:
  • La hostil: tiene como propósito infligir deliberadamente un daño o sufrimiento a otra persona.
  • La instrumental: persigue otro objetivo que el padecimiento de la victima.

Agresión preprogramada: la bestia humana

Konrad Lorenz describía al ser humano como el más brutal, agresivo y desinhibido de todos los animales. La agresión seria instintiva: el SN contiene un esquema bioquímicamente preprogramado que compele al hombre a la agresión. Sostiene Lorenz que dentro de una especie la agresión sirve para distribuir adecuadamente a los individuos en el hábitat disponible, de modo que todos encuentren suficiente cantidad de alimento. Permite la selección sexual de los mejores miembros de la especie, los más fuertes para la reproducción. Lorenz entiende la agresión como un mecanismo adaptativo desarrollado con el fin de promover la supervivencia de una especie. Los animales predadores pueden frenar el impulso agresivo para que la agresión no llegue al asesinato. Uno de los mecanismos sería el de la ritualización.
Sin embargo, las personas carecen de inhibiciones innatas que les impidan herir gravemente ya matar a sus semejantes. Los animales carnívoros desarrollaron fuertes mecanismos de inhibición de la agresión para impedir la autoexterminación de su especie. En contraste la raza humana desarrolló seres débiles, inofensivos y omnívoros, pero inteligentes; y es esta inteligencia la que casi ha acabado con nosotros.
Esta concepción suscitó grandes controversias: la idea de que en los genes están incorporadas pautas de acción fijas es simplista. Incluso en las amebas se discute la interacción ambiente vs herencia.

La agresión por frustración

Fue planteada por Dollard. En su versión original esta hipótesis rezaba que la frustración produce agresión y esta última no se produce jamas sin una frustración previa. Se designa como frustración la interferencia o bloqueo en el logro de alguna meta, tanto biológica como social. Pero no siempre la frustración tiene que desembocar en agresión. Algunos individuos reaccionan frente a ella haciendo nuevos esfuerzos o afanandose de otra manera para materializar su objetivo.
La teoría fue enmendada: la frustración puede producir otras clases de comportamiento además de la agresión. El hecho de que un individuo despliegue o no agresión depende en gran medida del grado en que su cultura se lo permite.

El desplazamiento

Se supone que la frustración sigue siendo una fuerza motivadora hasta que es descargada en una conducta agresiva. En consecuencia, dicho impulso puede volverse flotante, es decir, separarse de la fuente causante de la frustración y descargarse en otra persona, grupo u objeto. Esta es una popular manera de explicar el racismo, el antisemitismo y el prejuicio.
Se aduce que otros factores intervienen e influyen en la forma en que se maneja dicha frustración. Por ejemplo, la personalidad del individuo, el tipo de frustración que está en juego, las características del blanco potencial y la probabilidad de que se produzca una agresión de sentido contrario.

Catarsis

Es la eliminación de la energía agresiva mediante su descarga a través de la conducta agresiva. Si bien algunos estudios han encontrado que el comportamiento agresivo disminuye la agresividad posterior, otros han hallado que se puede producir un aumento de esta.

Factores sociales que influyen en el comportamiento agresivo

Las personas que más frecuentemente son convertidas en blancos de agresión son aquellas que poseen características que el individuo airado ha aprendido previamente a rechazar. Además, la mera existencia de armas tales como rifles o revólveres puede también tener influencia agresiva sobre el comportamiento. Este ha sido denominado como efecto de las armas.
El malestar físico que experimenta una persona también influye. Los sujetos responden con mayor agresividad cuando el malestar físico es moderado y el ataque simbólico es fuerte, que cuando ocurre lo contrario. Los sujetos pueden responder de manera agresiva si perciben que el atacante obra de forma intencional y no casual, con hostilidad y no con el propósito de ayudar.

La desindividuación

Uno de los factores que vuelve susceptible al individuo frente al comportamiento agresivo y violento de la muchedumbre es la desindividuación, un estado psíquico de menoscabo de la propia identidad y de la conciencia de sí. El anonimato contribuye a la desindividuación.
Contribuyen también la merma de la conciencia de sí y la despreocupación por las opiniones de los demás sobre uno.

La agresión institucional

Hay actos violentos y agresivos que son cometidos por las personas dentro de alguna institución. Se aprecia con máxima claridad en el caso de las fuerzas armadas y de la policía, así como en ciertos deportes. Los agresores institucionales cargan de cualquier manera la responsabilidad a la institución, excusandose con la racionalización de que si yo no lo hiciera, otro lo haría en mi lugar.

Material erótico y agresión. La violación sexual

El material erótico puede influir en una variedad de maneras en el comportamiento agresivo. Los estudios realizados muestran que lo típico es que los hombres se vuelvan más agresivos hacia las mujeres luego de haber asistido a espectáculos de violencia sexual. Pero incluso los espectáculos pornográficos comparativamente carentes de violencia pueden incrementar el comportamiento agresivo. Parecería que a medida que un estimulo erótico se vuelve más activante (en especial si se describen escenas anteriores al coito o al coito mismo) aumenta la conducta agresiva.
Otros estudios sugieren que las películas pornográficas en la que se muestra a mujeres disfrutando de los ataques sexuales de que son objeto sirven para justificar la agresión, aminoran la sensibilidad de los hombres frente a las violaciones y sus inhibiciones ante la agresión sexual.
Estudios relacionados con las violaciones sexuales demuestran que los violadores presentan sobretodo dos tipos de respuestas:
  • Mayor aceptación sobre los mitos: que las víctimas son promiscuas o de mala reputación, que una mujer vaya a casa del hombre en la primera cita significa que esta quiere relaciones sexuales, que las denuncias tan sólo son venganzas de las mujeres hacia los hombres con quienes están enfadadas o para encubrir un embarazo ilegitimo.
  • Una activación sexual relativamente grande frente a descripciones de actos de violación.

El comportamiento prosocial

La conducta prosocial abarca los actos realizados en beneficio de otras personas, la manera de responder a estas con simpatía, condolencia, cooperación, ayuda, rescate, confortamiento y entrega o generosidad.
La conducta prosocial es decisiva tanto para el funcionamiento de los grupos sociales como para el bienestar individual de sus miembros. La sociedad humana se basa en la disposición de las personas a trabajar en común y compartir los beneficios de su labor mutua.
Los tipos de ayuda prosocial son las siguientes:
  • Condolencia: se refiere a la preocupación por el dolor o pesadumbre ajeno, al hecho de compartirlo.
  • Cooperación: implica la capacidad y voluntad de trabajar con los demás.
  • Ayuda: implica asistir a otro individuo o grupo para que alcance algún objetivo o finalidad, a veces suministrandoles lo que necesita materialmente para tal fin.
  • Donación: acto de hacer una contribución o entregar un don, por lo general de tipo caritativo.
  • Altruismo: concierne a las conductas que se llevan a cabo para beneficiar a otra persona sin esperar una recompensa externa.
El comportamiento altruista tiene que ver con la motivación o sea los estados y procesos interiores que impulsan, dirigen o sostiene la actividad de un individuo. Se da la paradoja altruista, según la cual aun el acto más desprendido ocasiona una recompensa psicológica a quien lo realiza.
Se han averiguado qué factores sociales y psicológicos están en el origen del altruismo:
  1. La expectativa de que obtendremos alguna ganancia o evitaremos alguna perdida. Podemos conducirnos de manera prosocial a fin de obtener beneficios materiales, aprobación social y honra o bien para eludir las penalidades que podría imponernos el grupo, la desaprobación social y el ostracismo. También está la creencia de que Dios nos recompensará o castigará.
  2. A través de la socialización y del desarrollo moral, erigimos en nuestro interior patrones de conducta que vivenciamos como obligaciones de actuar de determinada manera. Nos sentimos bien con nosotros mismos cuando actuamos en consonancia con estos principios y mal cuando los contrariamos.
  3. La emoción empática que nos lleva a adoptar la perspectiva del otro y a ver el mundo tal como él lo ve. Al ponernos en el lugar de la otra persona que sufre una necesidad, aumenta la probabilidad de que reconozcamos esta última y actuemos en consecuencia.

El efecto de las características de la personalidad

Inferimos rasgos de las personas a partir de su conducta en diversos medios, atribuyendo coherencia y similitud a su proceder a lo largo del tiempo y de las diversas circunstancias.
Ciertas personas están más dispuestas que otras a ayudar a los demás en los momentos difíciles, aunque ello les implique algún coste. La conducta altruista parece arraigar en las experiencias tempranas de socialización. La conducta prosocial suele guardar correlación con actitudes de simpatía y condolencia hacia el bienestar ajeno. Los buenos samaritanos suelen caracterizarse por un espíritu de aventura y de anticonvencionalismo. Los asistentes prosociales tienden a reducir su propio malestar mediante las acciones que realizan destinadas a reducir el malestar ajeno.
Una persona que realiza un acto altruista en una determinada ocasión no necesariamente volverá a hacerlo en otra. Harshone y May encontraron que la sinceridad, el autocontrol, el buen talante, la veracidad. La justicia y al valentía no eran un paquete de virtudes que los individuos portaran o no consigo, sino que su conducta era más bien función de las situaciones especificas en que se hallaban.
Los efectos del estado de animo también son importantes. Se da el efecto favorable de los estados anímicos positivos sobre el comportamiento prosocial. Sin embargo, la influencia de los talantes negativos varia con las circunstancias. El malhumor aumenta a veces el deseo de auxiliar a los otros, otras veces lo disminuye y en ocasiones no surte efecto alguno. Las experiencias positivas crean un estado general de benevolencia que abarca uno mismo y a los demás, en tanto que las negativas tienen el efecto contrario.

Conducta prosocial en situaciones ambiguas y en situaciones no ambiguas

Situaciones ambiguas

La decisiva importancia del tamaño del grupo tiene mucha relevancia. La probabilidad de que un individuo ayude o no en una situación de emergencia disminuye a medida que aumenta la cantidad de personas que se hallas la cantidad de personas que se hallan junto a él en esa situación. Si hay otras personas presentes puede producirse una dispersión de la responsabilidad, de modo tal que tanto la obligación de asistir como la culpa potencial de no hacerlo se reparten entre todos. La dispersión de la responsabilidad puede aminorar si la gente se compromete de antemano a ayudar al prójimo en determinadas circunstancias.
Existen una serie de pasos preliminares:
  • Advertir el suceso
  • Interpretarlo como una emergencia
  • Decidir que la responsabilidad personal es actuar en determinadas circunstancias.
  • Qué hacer
  • Cómo hacerlo: la intervención puede ser directa o indirecta (llamar a otro)

Situaciones no ambiguas

El comportamiento prosocial se produce con mayor probabilidad en las situaciones no ambiguas, en especial si se trata de emergencias. Piliavin, Rodin y Piliavin postularon un análisis del altruismo según el costo y la retribución, sugiriendo que una persona intervendrá o no en una emergencia según su evaluación de los costos y retribuciones:
  • Los costos asociados al hecho de brindar asistencia
  • Los costos asociados a la negativa a brindar a ayuda (culpa)
  • Las retribuciones asociadas al hecho de prestar ayuda
  • Las retribuciones asociadas a la negativa de brindar ayuda.

Las teorías acerca de la conducta prosocial

La hipótesis del mundo justo

Fue propuesta por Lerner. Las personas necesitan creer que en el mundo donde viven se recompensa a los meritorios y se castiga a los no meritorios. El individuo atribuye a la victima todas las desgracias que esta padece.
Si nuestro prójimo puede sufrir injustamente, tendríamos que admitir la posibilidad de que también a nosotros puede sobrevenirnos la desgracia sin causa. En consecuencia, nos veríamos psicológicamente motivados para restablecer la justicia, ya que solo de ese modo reduciríamos la disonancia cognitiva. No obstante la preocupación por la justicia del mundo no siempre se traduce en una conducta asistencial. Otros desenlace es que nos autoconvencemos de que la victima merece lo que le ha tocado en suerte.

Teoría de la equidad

Homans y Adams han propuesto esta teoría para explicar ciertas cuestiones. Sostiene esta teoría que los miembros de un grupo se satisfarán con una distribución de las retribuciones proporcional a la contribución que cada uno haya hecho al grupo.
La gente que participa en relaciones no equitativas siente malestar, no importa si son víctimas o beneficiarias de la desigualdad. Si las personas se encuentran en una relación desigual, procuraran superar su malestar restaurando la igualdad.
Esto puede lograrse de dos maneras:
  • La equidad efectiva: que puede conseguirse mediante cuatro formas. Modificando:
    • Los propios resultados.
    • Los propios aportes.
    • Los resultados de los otros.
    • Los aportes de los otros.
  • La equidad psicológica: los individuos deforman su percepción de los resultados y aportes propios y ajenos.

La norma de la reciprocidad

Gouldner sostiene que la norma de la reciprocidad es una condición previa para la vida organizada en sociedad. Esta norma estipula que:
  • Una persona debe ayudar a quienes le han ayudado
  • No debe perjudicar a quienes le han ayudado
A la gente no le gusta ser deudora. Un intercambio reciproco alienta la cooperación y los buenos sentimientos hacia los demás, pero los dones que no pueden corresponderse inspiran incomodad, malestar y hasta antipatía.

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