Percepción de Personas y de sus Acciones

Introducción

El reconocimiento de emociones, la formación de impresiones y la interpretación de la conducta han tenido una importancia crucial en la evolución de nuestra especie y la tienen en nuestra “supervivencia”. Nuestros sentimientos, pensamientos y conductas respecto a las personas que percibimos dependerán de estos procesos.
Cotidianamente necesitamos predecir la conducta, sentimientos, pensamientos y reacción de las demás personas, sobre todo cuando nos afectan. La percepción de los demás comprende dos procesos:
  • La selección, interpretación y resumen del enorme caudal de datos que recibimos.
  • Ir más allá de la información obtenida, con el fin de predecir acontecimientos futuros. Percibir a los demás es un proceso activo por parte del que percibe y complejo.
Comunicación no Verbal

Cuando percibimos a otra persona, un aspecto importante es su conducta verbal: qué y cómo lo dice. Igualmente importante es la conducta no verbal: señales vocales (tono e inflexión de la voz), expresión facial, mirada, distancia interpersonal, tocamientos, gestos…
Las características de las conductas no verbales son:
  • Están muy vinculadas al afecto y a las emociones, de ahí que nos fijemos en estas señales no verbales para diagnosticar la emoción o el estado de ánimo de la persona percibida.
  • Son expresión genuina de los sentimientos e intenciones de los demás.
  • La conducta no verbal precede a la conducta verbal en el desarrollo humano.
  • Es relativamente más ambigua que la conducta verbal.
Formas básicas de comunicación no verbal

La Expresión (Facial) de Emociones

Hay seis emociones básicas que se expresan de forma clara en el rostro: ira, miedo, alegría, tristeza, sorpresa y asco. Hay una séptima expresión, la de desprecio, pero su universalidad es objeto de debate. Estas expresiones faciales emocionales son universales y reflejan emociones innatas. La expresión universal tiene su reflejo en el conocimiento universal.
Las investigaciones que corroboran la universalidad de las emociones se concentran en tres áreas: comparaciones transculturales, recién nacidos y personas invidentes de nacimiento. Si personas que pertenecen a otras culturas o que no han podido aprender las expresiones emocionales muestran expresiones comparables a las del occidental adulto y son capaces de reconocerlas, esto indicaría que tales comportamientos son fenómenos innatos y universales.
Aunque las expresiones faciales pueden revelar mucho sobre las emociones, nuestros juicios también se ven afectados por el contexto en el que aparecen dichas expresiones faciales. Ej: el rostro de una persona que acaba de perder a un ser querido y el de otra que acaba de ganar una medalla de oro olímpica pueden ser muy parecidas, y es el contexto el que nos hace interpretar la primera emoción como tristeza y la segunda como alegría. Ekman también reconoce que si la situación implica reglas sociales, llamadas reglas de exhibición que hacen inconveniente una determinada expresión, la persona puede conscientemente atenuarla u ocultarla.
También es importante recordar la importancia que la expresión facial emocional tiene en la interacción social. Ej: un niño sonríe ante la persona que le ofrece un caramelo, pero no cuando lo está paladeando. La expresión facial espontánea no es un fenómeno asocial, sino también una acción instrumental automática, adquirida por nuestra especie a través de su historia filogenética, que facilita la interacción.

Movimientos Corporales

El estado de ánimo y muchas cosas más pueden inferirse también a partir de otros movimientos y posturas corporales.
La mirada transmite mucha información. Cuando la persona mira directamente, se le categoriza como hombre o mujer más fácilmente que si desvía la mirada. También se encontró que los cambios de mirada en la persona percibida influían en lo atractiva que resultaba (más atractiva si cambia su foco de atención de otra persona al perceptor que a la inversa). El contacto visual, cuando es elevado, se suele interpretar de forma positiva, sin embargo la evitación del mismo suele verse como signo de timidez, poco amigable o que no gustamos a la otra persona. No obstante, también una mirada fija e incisiva suele ser percibida como hostil.
La postura del cuerpo y los movimientos corporales también nos transmiten mucha información. Ej: un gran número de movimientos, sobre todos aquellos en los que la persona se toca (rascarse, tocarse el pelo…) suele interpretarse como activación emocional, excitación o nerviosismo. Un aspecto de las impresiones interpersonales es que se ven afectadas por señales sutiles no verbales que tiene que ver con la conducta de dominación o sumisión. Cambios simples en la postura corporal producen efectos notables en la dominancia percibida. Cuando la gente se expande y ocupan un considerable espacio, se suelen percibir como dominantes y de mayor estatus, mientras que si se constriñen y ocupan un espacio pequeño, aparecen como sumisos y de bajo estatus.
Los adaptadores son comportamientos con gran valor informativo pues carecen de intención comunicativa. Hay 3 tipos de adaptadores:
  1. Autoadaptadores: o conductas de manipulación del cuerpo (especialmente el rostro), relacionadas con el cuidado del propio cuerpo o su adaptación a determinadas condiciones ambientales. Ej: una persona triste o cansada puede frotarse los ojos de la misma forma que lo haría un niño llorando.
  2. Adaptadores dirigidos a otros: formarían parte de estrategias interactivas prototípicas y elementales (p. ej de cortejo); así, conductas no necesariamente conscientes de acicalamiento y disposición postural que pueden considerarse como adaptadores semi-cortejo.
  3. Adaptadores dirigidos a objetos: que podrían ser partes de rutinas de comportamiento en relación con elementos del entorno que se repiten ocasionalmente fuera de contexto (dar golpecitos en la mesa con el bolígrafo…).
La distancia personal a la que se ubica la persona que percibimos puede transmitirnos información sobre sus intenciones.

El Engaño

El engaño es una de las cualidades genuinamente humanas. La valoración de la disimulación (Ej: un padre que se es esfuerza en ocultar las características poco apropiadas como padre) y la simulación (un asesino que alega una enfermedad mental para conseguir un eximente), constituyen hoy dos grandes áreas de aplicación en el ámbito jurídico. Las personas intentamos regular y controlar, consciente o inconscientemente, la información que presentamos, sobre todo la referida a nosotros mismos, esto es lo que se conoce como manejo de la impresión. Con ello perseguimos varias metas: auto-ensalzamiento (mantener o incrementar nuestra autoestima, así como presentar una imagen cercana a nuestro Yo-ideal), auto-consistencia (validar las creencias que tenemos respecto a nosotros mismos) y auto-verificación (intentar aprender la verdad sobre nosotros mismos).
Algunas estrategias usadas para el manejo de la impresión son:
  • Congraciamiento, o intento de aparecer de una manera atractiva ante los demás. Consiste en elogiar a la otra persona o mostrarse de acuerdo con sus opiniones o conductas.
  • Autopromoción, consiste en mostrar las propias habilidades y en ocultar los defectos.
  • Intimidación, las personas intentan mostrar el poder que tienen sobre la otra persona, a través de la amenaza o de infundir temor. Este tipo de táctica suele darse casi exclusivamente en relaciones que no son voluntarias.
Otras estrategias:
  • Algunas buscan suscitar en los demás el deber moral, la integridad o incluso la culpabilidad, así como mostrar debilidades y dependencias respecto a la otra persona: Ej: cuando un compañero nos dice que le dejemos los apuntes porque si no aprueba tendrá que dejar de estudiar.
  • Auto-incapacidad: consiste en incrementar la probabilidad de que un posible fracaso futuro sea atribuido a factores externos y un posible éxito a factores internos.
  • Aprovecharse del reflejo de la gloria de otros: la tendencia de las personas a asociarse al éxito de los demás y a atribuírselo de alguna manera (hemos ganado la liga). El fenómeno complementario es distanciarse de su fracaso (han perdido el partido).
La habilidad de las personas en el manejo de la impresión puede detectar con la Escala de auto-observación. Las personas que obtienen altas puntuaciones indica que ejercen mejor control sobre sus auto-presentaciones verbales y no verbales y además que poseen una mayor capacidad de detectar los intentos de manejo de la impresión por otras personas.
¿Es fácil detectar el engaño y la mentira? Las investigaciones muestran que nuestra capacidad para discernir cuándo nos están engañando no es muy elevada. En unos estudios se llegaron a algunas conclusiones, como que las mentiras son más fáciles de detectar cuando eran sólo escuchadas que cuando eran vistas. Detectar la mentira en el rostro es muy difícil. Va en contra de lo que se suele creer. Se dijo a los participantes que para detectar la mentira sólo podrían escuchar conversaciones telefónicas, y pensaron que estaban en desventaja. Otros resultados en los estudios sobre el engaño son:
  • Los perceptores eran capaces de detectar el engaño más allá de lo que sería esperable por azar cuando recibían información de los canales cuerpo, tono de voz y habla de forma aislada o en combinación; sólo un canal, de forma aislada, no superó las probabilidades aleatorias de acierto: el rostro.
  • En otro estudio, se pidió a expertos en el uso del polígrafo que detectaran si lo que decían varios individuos en una grabación de vídeo era cierto o no. Sólo los agentes del servicio secreto lo hicieron mejor que los demás. Personas supuestamente capacitadas para realizar una buena detección de la mentira, como policías o psiquiatras no difirieron en sus aciertos de las personas no entrenadas para estas tareas.
  • Donde mejor se refleja si una persona miente o no es en el tono de su voz, no en su rostro.
  • Cuanto más motivadas están las personas para intentar averiguar si los están engañando o no, menos efectivas parecen ser.
  • Doble criterio en la evaluación del engaño: la gente considera que la mentira es peor cuando lo hacen los demás que cuando se da en ellos mismos; además, este doble criterio hace que la gente tenga un estereotipo del “mentiroso” como una persona atormentada y culpabilizada, lo que supuestamente se reflejaría en su comportamiento no verbal (evitación de la mirada, nerviosismo…). Este estereotipo no hace más que dificultar el reconocimiento del engaño.
  • La habilidad para detectar la mentira en personas de nuestra cultura y de otras culturas no difiere mucho; eso sí, sólo si podemos ver a la otra persona, somos mucho mejores detectando la mentira cuando se trata de personas de nuestra cultura; pero si podemos ver y oír lo que dicen, entonces estas diferencias desaparecen.
Formación de Impresiones

La formación de impresiones es el proceso mediante el cual se infieren características psicológicas a partir de la conducta, así como de otros atributos de la persona observada, y se organizan estas inferencias en una impresión coherente. Tanto la formación de impresiones como la atribución de causalidad, nos permiten ir mucho más allá de la información percibida, incrementan nuestra capacidad de predicción de la conducta de los demás y nuestro sentimiento de control sobre el medio social que nos rodea.

La investigación de S. Asch

Para explicar la formación de impresiones, Salomon Asch defendía una concepción gestáltica, según la cual los diversos elementos están organizados como un todo, como una gestalt, de forma que cada rasgo afecta y se ve afectado por todos los demás, generando una impresión dinámica que no es fácil de predecir a partir de los diferentes elementos tomados por separado. En cada impresión, aunque todos los rasgos se relacionan entre sí, hay unos que tienen un mayor impacto sobre los demás y sirven como elementos aglutinadores de la impresión, estos son los rasgos centrales. Este modelo fue verificado mediante unos experimentos realizados.
Un grupo de estudiantes recibía una descripción de una persona desconocida que contenía los siguientes rasgos: inteligente, habilidosa, trabajadora, afectuosa, decidida y práctica. Otro grupo recibió la siguiente descripción: inteligente, habilidosa, trabajadora, fría, decidida y práctica. La única diferencia entre ambas listas es que en una aparece el término afectuosa y en la otra fría. Se les pidió que se hicieran una idea de esa persona, que escribieran una semblanza de ella y que escogieran entre diferentes pares de rasgos cuál creían que caracterizaba a la persona presentada. Los resultados mostraron que los dos grupos respondían de forma distinta. Algunas características como generosidad o amabilidad fueron asignadas predominantemente a la persona afectuosa, aunque también había características que no se veían afectadas como atractivo físico u honestidad.
Asch concluyó que afectuosa y fría eran rasgos centrales en ese contexto, pues servían como guías para la organización de la información en un todo coherente. La diferencia entre un rasgo central y uno periférico se aprecia en el impacto que tiene en la impresión resultante. Según Asch, el contenido y l función de una cualidad personal dependen de los demás rasgos estímulo. Un par de rasgos determinados será central en unos contextos pero no en otros. No se trata de que la misma cualidad pueda ser central o periférica según el ambiente, sino que cuando un rasgo cambia de contexto, y pasa por ejemplo de ser central a periférico, se produce una modificación en su contenido o significado. Cuando una persona percibe información que ve como inconsistente puede hacer dos cosas:
  1. Puede cambiar el significado de las características: Ej: el término “feliz” no tiene el mismo significado cuando va acompañado de “tonto y tranquilo” que cuando está junto a “afectuoso y relajado”. Este cambio de significado ocurre primero en la dimensión descriptiva, y posteriormente en la evaluativa.
  2. Puede inferir nuevos rasgos que permitan reducir las contradicciones: si sabemos de otra persona que es “inteligente, afectuosa y mentirosa” quizás deduzcamos que es “político” o “diplomático”.
Con ambos mecanismos el resultado es el mismo: la impresión resultante es única y coherente.

Modelos de Combinación Lineal

Para los modelos de combinación lineal los elementos informativos no cambian de significado, sino que se combinan entre sí, se suman, se promedian o se multiplican, de tal manera que la impresión resultante es fruto de la combinación aditiva de algunas propiedades del estímulo. Para estos modelos, el valor de cada rasgo es independiente del valor de todos los demás. Además, presuponen que hay una dimensión a lo largo de la cual puede situarse cualquier tipo de estímulo: la dimensión evaluativa.
Así, según el modelo suma, la impresión final sería el resultado de la suma de los valores que cada uno de los rasgos tiene por separado. Según este modelo, si queremos causar una buena impresión en los demás la mejor táctica sería la de presentar cuantos más rasgos positivos mejor, aunque su valor absoluto no sea muy elevado. En cambio, según el modelo promedio, la impresión final resultante sería la media aritmética de los valores de cada uno de los rasgos por separado. A pesar de modificaciones posteriores su idea básica se mantuvo: nos formamos las impresiones de los demás siguiendo una especie de álgebra cognitiva relativamente simple.
Fiske y Neuberg han desarrollado un modelo que conjuga la posición de Asch con la de los modelos de combinación lineal. Según los autores, las personas nos formamos impresiones de las dos maneras, y el que nos decidamos por una o por otra depende de las circunstancias informativas y motivacionales. El modelo dice que cuando percibimos a una persona, lo primero que hacemos sin ser necesariamente conscientes es una categorización inicial. Si la persona percibida carece de interés para nosotros, el proceso puede finalizar aquí. Pero si la persona nos interesa, entonces prestaremos atención a los elementos informativos que presenta. Este modelo es un continuo, la primera fase es la categorización inicial, seguida por la confirmación de la categorización, la recategorización y la integración “pieza a pieza” de los diferentes elementos informativos.

Factores que Influyen en la Formación de Impresiones

Factores Asociados al Perceptor

Hay personas buenas para percibir a ciertas personas, pero no a otras, y hay personas buenas para diagnosticar cierto tipo de rasgos pero no para otros (detectar fácilmente una mentira, pero no la personalidad de la persona).
Los motivos y necesidades de los perceptores, así como sus expectativas y metas, influyen considerablemente en la formación de impresiones. A veces favorecen la exactitud y otras la dificultan. Respecto a las metas que buscamos cuando percibimos a alguien, Hilton y Darley distinguen:
  • Las situaciones de acción: aquellas en las que lo que importa es conseguir ciertos objetivos específicos que sólo de manera indirecta se relacionan con la formación de impresiones. Ej: al pedir el menú en un bar tenemos que interactuar con el camarero, pero el interés de por formarnos una impresión de esta persona es casi nulo. En estas situaciones tendemos a formarnos impresiones sencillas, basadas en las categorías a las que pertenece la persona percibida, y solemos realizar juicios bastante exactos de cómo esa persona actuará en esa situación, pero no de cómo actuará cuando la situación o los roles cambien.
  • Situaciones de diagnóstico: lo que se persigue en ellas es formarse una impresión global lo más exacta posible de la persona percibida. Ej: un entrevistador encargado de la selección de personal. Aquí tendemos a formarnos impresiones más integradas e individualizadas, y nuestros juicios serán más exactos a la hora de considerar a la persona en general.
Fiske ha señalado que cuando la motivación del perceptor consiste en formarse una impresión segura de la persona estímulo, atenderá más a todos los elementos informativos. En cambio, cuando haya otras motivaciones, como mantener la autoestima, es probable que el perceptor mantenga una categorización negativa del estímulo. Cuando el perceptor quiere mantener la autoestima alta, se fija en los aspectos negativos de la persona percibida, de ese modo al compararse con ella su autoestima se mantiene o incrementa.
La formación de impresiones también se ve afectada por el poder que tenga la persona percibida para proporcionarnos consecuencias positivas o negativas. Ej: cuando una persona está deseosa de hacer amigos, es fácil que detecte en los demás indicios que hablen de su predisposición a hacer amistades. La perspicacia perceptiva es el fenómeno que designa el bajo umbral de reconocimiento de que gozan los estímulos que pueden satisfacer una necesidad o reportarnos beneficios. La defensa perceptiva es el fenómeno complementario del anterior y designa el alto umbral de reconocimiento de algunos estímulos amenazadores, así, los fallos en quienes estimamos mucho suelen pasar desapercibidos, se suelen disculpar y es difícil que se los reconozca como tales.
En la vida real, el perceptor es un actor. Lo que nosotros pensamos influye en cómo actuamos; y nuestro comportamiento influye en lo que los demás piensan de nosotros y afecta a su comportamiento; este comportamiento de las otras personas influye en cómo las percibimos. Y así sucesivamente.
Un fenómeno que ilustra este dinamismo son las “profecías que se cumplen a sí mismas”. Con esta expresión se alude a una “definición de falsa situación” que “evoca una nueva conducta que hace que la concepción falsa original se convierta en verdadera”. Ciertos estudios en los cuales los participantes nunca veían a las personas con las que interactuaban ni hablaban con ellas directamente mostraron que las mujeres que interactuaban con hombres que creían que estaban interactuando con mujeres elegían más tareas típicamente femeninas que las mujeres que interactuaban con hombres que creían que interactuaban con hombres. La consecuencia importante para la percepción es que el perceptor que se relaciona con quien cree que son mujeres, las ve como más femeninas que el perceptor que se relaciona con mujeres pero cree que lo hace con hombres. Los participantes no se dan cuenta de que son sus propias expectativas las que están creando la conducta masculina o femenina de la otra persona.

Factores Relativos al Contenido de la Percepción
  1. Efectos de orden. Qué posee una mayor influencia en la impresión que nos formamos de los demás, ¿lo primero que conocemos de ellos? (efecto primacía) o ¿la última información que nos llega? (efecto de recencia). El efecto primacía es más potente que el de recencia. También se ha apelado para explicar el efecto recencia a la disminución de la atención. Las personas prestamos menos atención a los últimos elementos informativos por cansancio o porque los consideramos menos creíbles o importantes. El efecto primacía se da sobre todo cuando los perceptores se comprometen con el juicio basado en la primera información, cuando esta información es clara o cuando se basa en la persona estímulo y no en la categoría, y cuando la información se refiere a una característica que no se espera que cambie con el tiempo.
  2. Información positiva y negativa. Cuando la información que conocemos acerca de una persona contiene elementos positivos y negativos, estos últimos tienen una mayor importancia en la impresión formada. Así, una primera impresión negativa es más difícil de cambiar que una positiva. Razones:
    • Motivación egoísta: una persona que posea rasgos negativos supone un mayor grado de amenaza.
    • Mayor valor informativo de la información negativa: si se acepta que la mayoría de las personas nos esforzamos por suministrar una imagen positiva de nosotros mismos, es evidente que la información positiva que suministramos dice poco acerca de cómo somos realmente.
  3. Información única y redundante. La información única o peculiar parece tener un impacto mayor sobre la impresión resultante que la información redundante.
  4. Carácter ambiguo de la información. Un elemento importante en la percepción de personas es el grado en el que los diversos componentes de la información pueden ser confirmados o desmentidos de tal manera que un rasgo ambiguo suele tener menor importancia que otro claro y preciso. La susceptibilidad de confirmación de un rasgo depende de:
    1. su “visibilidad”, es más fácil saber si alguien es físicamente fuerte que inteligente, 
    2. la cantidad de indicios necesarios para afirmar la presencia o no de un rasgo, para determinar la honradez de una persona necesitamos conocer más cosas sobre ella, 
    3. el grado de concreción del rasgo, es mucho más concreto el rasgo “hablador” que “imaginativo”.
Atribución de Causalidad

La atribución de causalidad consiste en realizar inferencias sobre las causas de las conductas de los demás y de nuestra propia conducta. Pero no de las causas “reales” del comportamiento, sino de las que nosotros creemos. Psicológicamente, estas son las causas que importan al perceptor.

La aportación de Heider

Cuatro son las aportaciones fundamentales de Heider:
  1. Su concepción de las personas como “científicos intuitivos o ingenuos”, que tratamos de encontrar el sentido del mundo físico y social en el que vivimos.
  2. La distinción entre causas personales o internas (capacidad, esfuerzo) y situacionales o externas (tarea difícil). Además las disposiciones personales son más fáciles de inferir de las acciones intencionadas que de aquéllas que carecen de esta característica.
  3. Su afirmación de que “la conducta engulle al campo”: las personas, cuando explicamos una conducta, tendemos a darle mayor importancia a las causas personales que a las situacionales (error fundamental de la atribución).
  4. Para que el proceso atributivo se ponga en marcha, es imprescindible que la situación a la que se enfrenta la persona sea incoherente, inestable, generadora de incertidumbre o conflicto.
Jones y Davis: la Teoría de la Inferencia Correspondiente

La teoría de la inferencia correspondiente es una teoría de la atribución que se centró en un tipo de causas: las denominadas por Heider como personales o internas. Cuando alguien busca descubrir la disposición interna de una persona para explicar su comportamiento sigue un proceso lógico en el que realiza varios juicios:
  • Decidir si la persona tenía o no capacidad y libertad para realizar la conducta y si conocía sus efectos.
  • Si se constata lo anterior, el segundo juicio consiste en comparar las consecuencias de la acción con las consecuencias posibles de otras acciones que el individuo podía haber realizado. Las consecuencias específicas de la acción nos proporcionan información interesante sobre la causa interna que ha provocado la conducta. Cuantos menos efectos no comunes, más fácil resulta la inferencia. Pero también cuando hay muchos efectos no comunes la atribución causal se hace difícil.
  • La deseabilidad social de la acción: si las consecuencias de la conducta son algo frecuente o deseable para la mayoría de la gente o se trata más bien de algo raro también nos permite imaginar la causa disposicional. Ej: elegir una carrera que proporciona prestigio y buenos ingresos no nos dice necesariamente que la persona sea un avaricioso, porque la mayoría de las persona buscan esto, pero elegir una profesión en la que se corren muchos riesgos sí nos dice algo más de quien la elige, dado que es un efecto menos deseado socialmente.
Pero además de los elementos racionales expuestos, hay factores de índole motivacional que sesgan la atribución disposicional de causa:
  • Relevancia hedónica. Si la acción de esa persona le afecta al perceptor. Cuanto más crea la persona que le afectan las consecuencias y que la acción va dirigida hacia ella, más tenderá a encontrar una causa disposicional.
  • Personalismo: Si además creemos que tenía intención expresa de perjudicarnos a nosotros, entonces la tendencia anterior es todavía mayor. Ej: porque es un rival nuestro.
Kelley: covariación y configuración

La Teoría de la atribución de Kelley diferencia dos procesos en función de la cantidad de información de que disponga el perceptor social para hacer el juicio social.
En el proceso de covariación el perceptor dispone generalmente de múltiples observaciones, concretamente de tres tipos de causas a los que puede atribuir un efecto:
  1. la persona (Carlos ha agredido a Juan porque el primero es muy agresivo), 
  2. el estímulo (la agresión se ha producido porque Juan es una persona muy provocadora) y 
  3. las circunstancias (Carlos estaba bebido).
Para decidir sobre la causa más plausible el perceptor dispone de tres tipos de información:
  1. consenso o cómo se han comportado otras personas en esa misma situación,
  2. distintividad o cómo se ha comportado la persona en otras situaciones similares, 
  3. consistencia o cómo se ha comportado la persona en esa misma situación en otras ocasiones.
Algunos patrones informativos asociados de forma característica a ciertas atribuciones

Consenso alto
+
Distintividad alta
+
Consistencia alta
“otras personas se ha peleado con Juan”
“Carlos no se pelea con nadie”
“Carlos ya se ha peleado otras veces con Juan”
Atribución del estímulo
“Juan es un camorrista, un provocador agresivo”
Consenso bajo
+
Distintividad baja
+
Consistencia alta
“nadie se ha peleado con Juan”
“Carlos no se pelea con mucha gente”
“Carlos se ha peleado otras veces con Juan”
Atribución del estímulo
“Carlos es un individuo agresivo”
Consenso bajo
+
Distintividad alta
+
Consistencia baja
“nadie se ha peleado con Juan”
“Carlos no se pelea con nadie”
“Carlos nunca se ha peleado antes con Juan”
Atribución del estímulo
“Carlos estaba bebido”

En el proceso de configuración sólo se dispone de una única observación. Se da cuando el perceptor social no tiene la información, el tiempo o la motivación suficientes para examinar múltiples observaciones. En este caso la persona utilizaría esquemas causales, preconcepciones basadas en su experiencia acerca de qué tipo de causas suelen darse para conseguir un determinado efecto. Hay dos tipos de esquemas causales:
  1. El de causas múltiples necesarias, se aplica cuando nos encontramos con hechos de magnitud extrema, y entonces solemos pensar que tienen que haberse dado varias causas para que el efecto se dé. Ej: cuando nos encontramos con un asesino extremadamente cruel solemos pensar que diversas causas han tenido que coincidir para que se haya dado ese resultado.
  2. El esquema de causas múltiples suficientes, se aplica a sucesos moderados, supone pensar que entre varias causas, es suficiente con que se dé una o algunas de ellas, para que se produzca el efecto. Ej: para cometer una infracción de tráfico no es necesario ser un criminal, sino simplemente despistarse un momento. En este tipo de esquemas hay dos principios que son importantes:
    1. Principio de desestimación: la importancia de una causa disminuye cuando hay otras causas plausibles (en términos jurídicos se llaman factores atenuantes).
    2. Principio de aumento: la importancia de una causa aumenta cuando hay causas inhibidoras. Ej: cuando a un delincuente agresivo se le ofrece terapia y la rechaza.
Los Sesgos Atributivos

Cuando las personas realizamos atribuciones no siempre funcionamos de la manera lógica y racional, sino que con frecuencia cometemos sesgos o errores.

El Sesgo de Correspondencia y el Error Fundamental de la Atribución

Jones define el sesgo de correspondencia como la tendencia general a ver las conductas como causadas internamente, consecuencia de disposiciones, incluso cuando no debería ser así. Ross definió el error fundamental de la atribución como la tendencia general a sobreestimar la importancia de los factores personales o disposicionales en comparación con las influencias ambientales, algo semejante a la conducta engulle al campo de Heider. Ej: cuando vemos en la tv la noticia de la aparición del cuerpo sin vida de una chica en una zona de las afueras es fácil que la gente piense que la chica ha hecho algo que ha contribuido a que acabe así.

Las Diferencias Actor-Observador

Las diferencias actor-observador es un sesgo que consiste en que del mismo hecho, actores y observadores tienden a dar explicaciones diferentes: los primeros suelen hacer atribuciones externas (un maltratador: ella me provocó) y los segundos internas (las causas de maltratar están en el maltratador). Explicaciones dadas a este sesgo:

  • La Hipótesis de la experiencia o historia previa: basada en la creencia de que el actor conoce mucho mejor que el observador su historia anterior y, consecuentemente, sabe que no siempre reacciona de la misma manera, sino que su comportamiento depende, en parte, de las circunstancias; así, puede ocurrir que este hombre piense en las múltiples ocasiones en las que en su vida no se comporta de manera violenta. En cambio el observador, no conoce esa variabilidad.
  • La perspectiva o punto de vista: postula que actor y observador tienen centrada su atención en aspectos diferentes. Para el actor lo saliente es la situación puesto que debe actuar frente a ella. Para el observador es la conducta lo que resulta saliente puesto que es ella, y no la situación, lo que atrae su atención.
  • La existencia de diferencias motivacionales: ya que una atribución externa permite al actor, en muchos casos, eludir las responsabilidades que se pueden derivar de una conducta poco apropiada y mostrar su flexibilidad y capacidad de adaptación en otros. El observador, a la hora de explicar la conducta, no tiene por qué recurrir a este tipo de justificaciones. Ej: muchos maltratadores dicen que han sido educados así.

Sesgos Auto-Ensalzadores

Hay sesgos que son consecuencia de la necesidad que tienen las personas de sentir y pensar bien sobre sí mismas:

  • Las atribuciones defensivas: la tendencia de culpar a una persona de la adversidad, especialmente cuando ésta es grave. Cuanto más grave es el delito, más se tiende a considerar que el actor es responsable. Al culpar a la víctima, quien realiza la atribución tiene la sensación de que podría evitar el percance (“a esa chica la han violado porque viste muy llamativa, a mí no me pasaría porque yo no visto así”). Por eso, una condición que favorece este tipo de atribuciones es que la persona que sufre el daño sea lo más diferente posible a quien realiza la atribución.
  • Atribuciones auto-favorecedoras: tendemos a pensar que cuando tenemos éxito la causa está en nosotros, mientras que cuando fracasamos, la culpa es de otras personas o de las circunstancias.
  • Atribuciones centradas en el yo: cuando se realiza una tarea entre dos o más personas, cada una cree que ha contribuido más de lo que en realidad lo hace. Además de incrementar la autoestima, cada uno también tiene más accesible la información que tiene que ver con su contribución al trabajo y desconoce los esfuerzos que han hecho los otros miembros del equipo.

Aplicaciones

El ámbito jurídico es uno de los campos de aplicación más importantes de la Psicología social.

Influencia del Aspecto Físico en las Atribuciones de Culpabilidad y en el Castigo

El aspecto físico de una persona es una característica que influye en cómo los demás la perciben. Es bastante frecuente que para hacer juicios sobre las personas nos basemos en la primera impresión que tenemos y que lleguemos a inferir su personalidad a partir de ese único dato que, en la mayoría de los casos, es un rasgo físico.
A las personas atractivas se les suelen atribuir, además, otros rasgos y atributos positivos, de acuerdo con la teoría implícita “lo bello es bueno”. También sabemos que un rostro risueño incrementa el atractivo físico, lo que a su vez está asociado con otorgarle otros atributos positivos.
La percepción demociones y la formación de impresiones son áreas de gran aplicabilidad en el ámbito de la Justicia. Muchas veces los jueces deben emitir un veredicto en situaciones en las que las pruebas son insuficientes o contradictorias. Es en estos casos cuando cobran gran importancia otras “pruebas”, como el aspecto físico de los acusados o de las víctimas. A una persona sonriente o físicamente atractiva se le suele asignar castigos menos severos que a una persona no sonriente o menos atractiva. El atractivo físico produce un sesgo de lenidad, que es benevolencia o indulgencia en la determinación de la culpabilidad y el castigo. Este efecto no es directo, puede depender de tres factores:

  1. Del tipo de trasgresión. El sesgo de lenidad favorece a los acusados considerados atractivos sobre todo cuando se trata de delitos poco graves, pero no cuando se juzgan delitos más serios.
  2. De las instrucciones que se les den a quienes han de juzgar el caso. Lieberman encontró que sólo se producía el sesgo de lenidad en las personas que utilizaban un tipo de procesamiento emocional. El tipo reprocesamiento racional se inducía cuando a los participantes se les daban instrucciones de que no atendiesen a las características del acusado.
  3. De si se trata de hacer atribuciones de culpabilidad o de castigo. El atractivo físico puede tener efectos diferentes en la valoración de culpa o castigo debido, sobre todo a que la culpa requiere evaluaciones más objetivas (pruebas, coartada…), mientras que el castigo requiere evaluaciones más subjetivas.

Percepción de Emociones y su Impacto en la Sala de Justicia

Además del atractivo físico, otros estudios se han centrado en analizar cómo influyen determinadas expresiones como la sonrisa en la evaluación de las personas y las atribuciones de la culpabilidad. La responsabilidad personal es la combinación de la atribución de culpabilidad y el merecimiento del castigo por lo que ha hecho.
Estudios realizados por Forgas mostraron una interacción entre el atractivo físico y la sonrisa en la atribución de la responsabilidad. Según Forgas, tener buen aspecto y sonreír después de cometer una trasgresión o violar una norma puede ser considerado “excesivo” y podría llevar a que el perceptor se formara una impresión negativa de la persona.
Le France y Hecht realizaron un estudio para medir diferentes tipos de sonrisa. Los participantes en el estudio fueron más condescendientes en la asignación de castigos (lenidad) a los acusados sonrientes (independientemente del tipo de sonrisa que los autores manipularon) que a los acusados no sonrientes, aunque la sonrisa no tuvo efecto en los juicios de culpabilidad.
Parece ser que la honestidad del acusado está medida por la relación sonrisa-lenidad, de modo que los acusados sonrientes eran percibidos como más honestos que los no sonrientes y esta percepción de honestidad pudiera llevar a los participantes a considerar que eran merecedores de castigos menos severos, lo que explicaría el efecto sonrisa-lenidad.

Sexo y Género

Las investigaciones sugieren que los acusados varones que son atractivos reciben menos años de prisión en comparación con los acusados varones no atractivos, pese haber sido ambos declarados igualmente culpables de los crímenes imputados. Ocurre parecido con mujeres.
Respecto a la variable género en los juicios de culpabilidad y castigo, los resultados no son del todo concluyentes, ya que parece importante la relación entre el sexo del que juzga y la persona juzgada. Los participantes varones son menos influenciables a la hora de atribuir culpabilidad y castigo a una acusada mujer y atractiva frente a una no atractiva, mientras que las mujeres parecen dejarse influenciar más por el atractivo físico cuando valoran culpabilidad o castigo de trasgresores masculinos. Los hombres parecen ser más benévolos hacia las mujeres que hacia los hombres en general en lo que a cuestiones criminales se refiere.

El Caso de Mujeres Maltratadas que Asesinan a sus Agresores: el Papel de la Prototipicalidad en las Atribuciones de Culpabilidad

El “síndrome de la mujer maltratada” ha recogido la situación que viven muchas mujeres agredidas por sus parejas.
Cuando nos encontramos con un caso en el que una mujer maltratada ha asesinado a su pareja, lo más común es alegar que el asesinato ha sido en legítima defensa. Sin embargo, las circunstancias legales que regulan la legítima defensa y las más habituales que rodean el homicidio en estos casos, suelen ser contradictorias y opuestas a lo establecido por ley. Lo que suele ocurrir en estos casos, es que una mujer que acaba de recibir una paliza brutal por parte de la pareja suele pensar que es probable que la situación pueda ir a peor y que incluso su vida corra peligro. En estos casos, cuando la mujer suele estar paralizada por el miedo y pensando en cómo ponerse a salvo, es poco probable que responda a la agresión de forma activa (atacando a la pareja en el momento del incidente). Más bien lo que ocurre es que “la defensa” (que en este caso es el ataque) se lleva a cabo poco tiempo después, cuando él está dormido o descuidado.
Para aplicar un veredicto de no culpabilidad basado en la defensa propia es necesario considerar que la persona lleva a cabo una acción con resultado de muerte porque en el momento del incidente teme por su vida y no tiene otra opción.
La cuestión está en que, cuando hablamos de mujeres maltratadas, no podemos hacer comparaciones con los demás casos en los que una persona que es agredida se defiende de forma tal que acaba con la vida de su agresor. En estos casos, la historia de maltrato, la relación entre el agresor y la víctima, y la presencia de hijos, constituye una situación única que no es comparable con ningún otro tipo de agresión. Los expertos en este tema explican la forma en la que los diferentes estados psicológicos por los que pasan las mujeres maltratadas pueden ayudar a explicar el hecho de que una mujer perciba que está en peligro inminente, aun después de haber pasado el incidente violento y que contemple el homicidio como la única salida a su situación. Es por este motivo por el que cada vez con más frecuencia se ha utilizado el testimonio de expertos que hablan del síndrome de la mujer maltratada como alegación de eximente o atenuante en casos de homicidio.
A través de comparaciones entre personas legas con expertos, se ha encontrado que las personas legas solían creer, en mayor medida que los expertos, que las mujeres maltratadas eran personas pasivas y dependientes y que debido a su inestabilidad emocional sufrían todo tipo de abuso, de forma que llegaban incluso a culparlas de su propia victimización. Los hombres, en comparación con las mujeres, y las personas de más edad, eran quienes mantenían un tipo de creencias más alejadas de las defendidas por expertos.
El testimonio experto se apoya fundamentalmente en el trabajo de Walker sobre el ciclo de la violencia, en el que describe que las mujeres maltratadas normalmente se sienten culpables del abuso del que son objeto e incapaces de salir de dicha situación debido a su baja autoestima, escaso poder en la relación, dependencia económica del marido, aislamiento social y sobre todo, miedo a las represalias. Walker se apoya en la Teoría de Seligman sobre la indefensión aprendida para explicar por qué una mujer puede llegar a permanecer en una situación de maltrato durante años y ser incapaz de generar alternativas que le permitan escapar.
El principal obstáculo para hacer un juicio justo a mujeres maltratadas ha sido la imposibilidad de conjugar una contradicción aparente entre el uso de la fuerza por parte de estas mujeres cuando asesinan a sus maridos y las características (pasividad, sumisión…) asociadas al síndrome de la mujer maltratada.
No todas las mujeres se ajustan a las características típicas de las mujeres maltratadas, y si se alega este síndrome como prueba de que la mujer actuó en defensa propia, puede ocurrir que en ocasiones este tipo de alegaciones supone n inconveniente más que un beneficio para que las mujeres maltratadas que han asesinado a sus parejas tengan un juicio justo.
Terrance y Mathenson realizaron un estudio en el que encontraron que cuanto más se desviaba la acusada de la creencia que tenía el jurado de lo que debía ser una mujer maltratada, más duro era el veredicto emitido.
Los factores psicosociales implicados en la toma de decisión sugieren que los jurados evalúan los casos considerados “típicos” de manera diferente a cómo evalúan los casos “atípicos”. El grado en el cual un acusado es típico constituye un papel importantísimo en la toma de decisión de los jueces. Según la teoría de la prototipicalidad, cuantas más características pertenecientes a un prototipo (en este caso, de mujer maltratada) estén presentes, mayor ajuste se percibe con el prototipo. Las respuestas de los jurados pueden depender del grado de tipicidad de los acusados.
En diversos estudios se confirmaron los efectos de género. Los hombres realizaban más veredictos de culpabilidad que las mujeres. En términos generales, las mujeres dieron más veredictos de no culpabilidad mientras que los hombres los dieron de asesinato en segundo grado. No hubo, sin embargo, diferencias significativas en los veredictos de homicidio involuntario.
Una de las posibles razones de estas diferencias pudiera estar en la posibilidad de que los hombres no tengan las mismas representaciones de las mujeres maltratadas que tienen las mujeres. Otra explicación verosímil podría ser el hecho de que hombres y mujeres se usan a sí mismos como punto de referencia para tomar decisiones tratando de salir beneficiados en dichas comparaciones, tal y como señala la Teoría de la atribución defensiva, que sugiere que las mujeres atribuirán menos culpabilidad a las mujeres víctimas de violencia doméstica y violación que los hombres, ya que es más probable que las mujeres se perciban a sí mismas en una situación similar y se reconozcan como posibles víctimas potenciales. Es menos probable que las mujeres culpen a las víctimas de provocar la situación, ya que consideran la violencia doméstica como un problema más serio que los hombres. Además, es menos probable que perciban la violencia doméstica como justificada y por tanto que tengan actitudes más favorables hacia las víctimas.
Tanto clínicos, teóricos e investigadores, coinciden en afirmar que el síndrome de la mujer maltratada ha creado una visión estereotipada de ésta, una especie de prototipo, con el que cualquier mujer puede ser comparada. Resulta por tanto crucial saber si, una mujer que se desvía de este estereotipo y que alega haber sido maltratada, está en desventaja o no, debido a la existencia de este prototipo, cuando se enfrenta a un proceso judicial. Una acusada atípica será percibida con mayor número de opciones como respuesta a su situación de maltrato y será más cuestionada en cuanto a los motivos que alega para justificar sus actos.

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